Publicado en Poesía

La hoguera de las desilusiones

Se apaga
mi nombre en tu boca
se vuelve humo
la llama prendida
se extingue
la vida loca
que encendieron
tus húmedos besos.

Recojo las cenizas
para pintar mi cueva
la fría roca.

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Publicado en Poesía

A solas contigo

Vivir tu amor a solas
bailarlo
y memorizarlo.

Saltar de tu abrazo
para retratarlo
enmarcarlo
y colgarlo.

Hacer de lo vivo
un infinito
y volver a soñarlo.

Publicado en Feminismo, Poesía

Se dice poeta… ¿o poetisa?

Venía yo muy brava a defender contra viento y marea que se use el término poeta para cualquier persona que compone obras poéticas. Para eso me basaba en tantas poetas que prefieren ese término al de poetisa, como la gran Gloria Fuertes, que cuando alguien la llamaba poetisa, respondía: “La poesía es femenina, ¡la mujer es poeta! El hombre…, que sea poeto”.

Un poco de historia sobre la palabra “poetisa”

Y es que con tanta queja hacia el lenguaje inclusivo tanta vuelta a que decir “todas y todos” es faltar al principio de economía del lenguaje y cuando ya tenemos una palabra que sirve para cualquier género gramatical, va y en el siglo XVIII nos da por inventar una más larga. Sí, el término “poetisa” se registra por primera vez en el castellano en 1737 (según el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Juan Coromines).

Un siglo después, a mediados del XIX, “la mujer llegaba a ser definitivamente una protagonista de importancia en la cultura impresa de esta nación” (Susan Kirkpatrick, Antología poética de escritoras del siglo XIX). “A partir del año 1840, año en que tanto la estética romántica como el reformismo liberal se imponen brevemente, empiezan las españolas a dejar correr su plumas, llegando antes del final del siglo a dar a la prensa miles de páginas (…), la categoría más nutrida de estas producciones es la de la poesía.” Quizá, y solo quizá y como opinión propia, los hombres se vieran amenazados, y el surgir de una crítica poética infravalorase la poesía escrita por mujeres. Quizá, y solo quizá y como opinión propia, los autores hombres no quisieran incluir a las mujeres en las antologías (¿os suena la ausencia de Las SinSombrero en tantas antologías de la generación del 27?). Quizá, y solo quizá y como opinión propia, cuando la poesía empezó a ganar estatus la presencia de la mujeres en ese género disminuyó como ocurrió con la novela en inglés, según el estudio “La transformación del género en el lenguaje de ficción inglés”.

Susan Kirkpatrick en su introducción a la Antología poética de escritoras del siglo XIX da, sin embargo, otra explicación “… mientras que entre 1840 y 1865 supera la treintena el número de mujeres que publican un libro o más de poesía, entre 1870 y 1895 no son más de diez las nuevas poetas que dan una colección a la prensa. Creo que esta disminución se debe a que, por una parte, hacia el fin de siglo había para la mujer de talento más opciones que el consabido librito de versos. (…) Por otra parte, el hecho de que menos mujeres optaran por desahogarse públicamente en verso indica que la oleada romántica estaba tocando a su fin”.

Rosario de Acuña, una de esas diez nuevas poetas, se defiende del término poetisa con este poema. Deja claro así que “el mote `poetisa´ se utilizaba con frecuencia para ridiculizar a las mujeres que ponían en práctica esta convicción” (la de su derecho a la expresión lírica) (Susan Kirkpatrick, Antología poética de escritoras del siglo XIX)

poetisa Rosario de Acuña
Poema de la poeta Rosario de Acuña, criticando que la denominaran poetisa

Las connotaciones peyorativas de “poetisa” y la neutralidad de “poeta”

El término poeta siempre ha tenido connotaciones de prestigio y consideración mientras que el término poetisa ha estado asociado aun sentido despectivo y peyorativo. De ello da fe, por ejemplo, un pasaje de Leopoldo Alas y Ureña (alias Clarín) en su obra Solos: “La poetisa fea, cuando no llega a poeta, so suele ser más que una fea que se hace el amor en verso a sí misma.”

El sustantivo poeta es de género común, la diferenciación de género la marca el artículo u otros determinantes. La DRAE consigna la voz poeta con la abreviatura com. (“nombre común en cuanto al género”) desde el año 2001, antes del cual poeta aparecía como sustantivo masculino.

Sin embargo, en 1492, Antonio de Nebrija en el Diccionario latino-español, recoge poeta como única forma para “varón” y “hembra”.

Es decir, desde que las mujeres empezamos a escribir poesía en castellano y hasta el año 1737, éramos poetas, luego durante tres siglos se inventó una palabra más larga y con connotaciones no muy agradables para denominarnos. Ahora hemos vuelto a exigir una palabra libre de connotaciones negativas para definir nuestra actividad, una palabra que ya existía y cuyo sufijo de género se corresponde con la forma asociada tradicionalmente al género gramatical femenino.

El dilema y la reivindicación

Con esta información tenía yo muy claro que prefería el término poeta. Y creo que lo sigo haciendo, a pesar de que escuchar a Gata Cattana en Lisístrata proclamarse “poetisa con mayúsculas” ya me hizo dudar hace un par de años.

Sin embargo, documentándome para este artículo he encontrado a escritoras que prefieren reivindicar el término poetisas como reivindicación de una diferencia, de un término propio para las mujeres autoras de poesía. Así lo hace Ana Rossetti, quien prefiere el uso de poetisa, “dándole contenido y reivindcando a las buenas poetisas que ha habido y que hay, en vez de evitar una palabra como poetisa sólo porque su uso anterior la haya estigmatizado. También las palabras, sobre todo si están bien hechas y cumplen una función, tienen derecho a dignificar su contenido”.

También me suena, como en el caso de Gata Cattana, a una reapropiación del insulto. Como se ha hecho muchas veces desde colectivos discriminados, es el caso de “Negra” o “Negro” o “Marica” o “Bollera” o “Zorra”. Si usas un término de manera despectiva para decir que hay algo mal en mí, yo lo usaré para destacar esa cualidad y característica con orgullo.

En conclusión, sigo prefiriendo la palabra poeta, me encantó cuando Belén Galindo me denominó así en su artículo y me identifico con la definición de “persona que escribe poesía” al igual que con la definición de poetisa “mujer que escribe poesía” porque soy persona y soy mujer. Sin embargo, me cuesta desprenderme de esos tres siglos de connotaciones negativas asociadas a “poetisa” y como Emilia Pardo Bazán, no quiero elegir un lado: “…si tiene suficiente vocación para creer, desde el primer instante, que en el reino de letras no hay, como en las iglesias protestantes, lado de las mujeres y lado de los hombres”.

emilia pardo bazán

 

REFERENCIAS:
  • Antología poética de escritoras del siglo XIX, Susan Kirkpatrick, Ed. Natalia - Instituto de la Mujer, 1992
  • http://www.hispanoteca.eu/Foro-preguntas/ARCHIVO-Foro/Poeta%20y%20poetisa.htm
  • http://martabbadia.weebly.com/decir-poetisa.html
  • Documental "Se dice poeta" dirigido por Sofía Castañón
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Todo se rompe

I

Todo se rompe
millones de cristales
puntiagudos
millones de dolores
minúsculos.

Cien heridas cortantes
simples molestias
sangrantes.
Medea grita
a quien no la oye
pero los cristales
se rompen

II

Todo se rompe
nada pesa.
Barrer.

Vaciar.

Siempre queda un cristal.

No olvides:
lo que se rompe,
hiere.

III

Todo se rompe.

Yo
soy
todo.

Me rompo.

IV

Todo se rompe.
Ya no queda nada
que limpiar
que llenar
que odiar.

Roto todo.

Tirar.
Barrer.
Olvidar.

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Llueve

Lágrimas brotan
– sal dulce –
detenidas en el lagrimal
lo que dura un atardecer.
Surcan mis mejillas
limpian el polvo.

Lluevo
y esta lluvia sabe a mayo
y mis tormentas a verano.

Es vida lo que derramo
todo está bien
todo está en mi mano.