Publicado en Feminismo, Poesía

Mujer con suerte

Soy una mujer más
con un poco más de suerte
no me violaron

demasiado

no me casaron

joven

no me pegaron

delante de nadie

no me tocaron

drogada

no me mataron

todavía.

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Publicado en Feminismo, Recomiendo libros

“Carol”, de Patricia Highsmith

Carol Patricia HighsmithTítulo:  Carol
Autora: Patricia Highsmith
Páginas: 381
Editorial:  Anagrama

 

Recuerdo que cuando estrenaron la peli, no fui a verla. Voy muy poco al cine y las historias de amor cada vez me llaman menos. A veces se me olvida que las parejas homosexuales han vivido el amor de otras manera, que ser pareja cuando eres gay o lesbiana requiere altas dosis de valentía y riesgo, y que ahí sí, sin duda ninguna, lo personal es político. Pero como os digo, a veces se me olvida, y esa vez no fui al cine a pesar de que la película se recomendaba por todos lados.

“Eran emociones que Therese no había experimentado hasta entonces, que ni siquiera se había atrevido a soñar y, por lo tanto, emociones revolucionarias en sí mismas”

A donde sí que voy y me encanta es a las bibliotecas. Y más desde que tengo una debajo de mi casa. Bajé y me puse a averiguar si los nombres que leía eran hombres o mujeres. Buscando autoras. Autoras que hablaran de un lenguaje que yo conociera, que escribieran sobre un mundo con el que yo me identificara. Seleccioné varios libros, pero me apetecía algo que me enganchara. Algo con suspense. Y la recordé, ¡Patricia Highsmith! Bien, no encontré ningún libro de los que llevaba en mente. Había dos sobre Mister Ripley (tampoco sabía que esas películas estaban basadas en libros y menos de ella) y Carol. Ahí flipé. Recordaba el cartel de la película, Cate Blanchett, ese fondo borroso típico de historias de amor. Pero era Highsmith, no podía ser un mal libro.

Ella explica genial en el prólogo porque no es una escritora de suspense, que no le gusta que la encasillen en un género, pero yo no conocía mucho más de ella. ¿Y vosotras?

“Y además, cuando se publicó Extraños en un tren y poco después la compró Alfred Hitchcock para hacer una película, mis editores y mi agente me aconsejaron: << Escriba otro libro del mismo género y así reforzará su reputación como…>> ¿Cómo qué? Extraños en un tren se había publicado como <<Una novela Harper de suspense>>, en Harper & Bros (…) y de la noche a la mañana yo me había convertido en una escritora de <<suspense>>. Aunque, en mi opinión, Extraños en un tren no era una novela de género, sino simplemente una novela con una historia interesante. Si escribía una novela sobre relaciones lesbianas, ¿me etiquetarían entonces como una escritora de libros de lesbianismo?”

Patricia Highsmith en el prólogo a “Carol”

Además me encanta que me cuenten los finales de los libros desde el principio. Ya en la contraportada se hace hincapié en “FINAL FELIZ” y lo mismo en el prólogo. Si una historia puede permitirse contar su final, es que seguramente esté tan bien contada que nos haga olvidarnos de ello. Y así ocurre. Mientras leía Carol me tenía que repetir constantemente “tranquila, esto acaba bien”. Pero, ¿¡¿cómo!?! De verdad, te pasas todo el libro preguntándote cómo puede ser que esa historia de amor acabe bien. Bien, quizá sí sea una novela se suspense, ¿no?

Y no es solo una historia de amor, es un road trip, es una foto de las consecuencias de ser lesbiana en los años 40 y 50 en Estados Unidos (actualmente hay países donde reconocer tu homosexualidad te cuesta la vida), es la historia del desamor entre Carol y Harge, entre Therese y Richard, son los tejemanes para conseguir trabajo en el mundo artísico, la amistad que busca el bienestar de la otra sin dejar de ser humana…

“Y la soledad la barrió como un viento misterioso, como las tenues lágrimas que pronto anegaron sus ojos, demasiado tenues, lo sabía, para ser advertidas mientras alzaba la cabeza y miraba.”

Patricia Highsmith capta cada sentimiento y emoción tal como son, sin disfrazarlas ni simplificarlas. La represión de los celos, la indignación que causa querer caer bien, la felicidad en medio de la incertidumbre, el miedo a soltar la rutina…. Otro libro que me leí en menos de 24 horas, enganchada a esa acción constante que ocurre cuando dos personas se encuentran y ya no quieren separarse. Pero se separan, pero no quieren, pero se juntan, pero es raro, pero qué pasa, pero ahora sí, pero ¡ay!, que no…

“Tú eres tan frágil como esta cerilla. –Carol la sostuvo ardiendo un momento después de encender el cigarrillo -. Pero en las condiciones adecuadas podrías incenciar una casa, ¿verdad?”

Y el final, el epílogo contando la historia tras la historia. El rechazo del primer editor, el éxito el crítica de la edición normal, el éxito en ventas de la edición de bolsillo, las miles de cartas de agradecimiento, la respuesta de Patricia a dichas cartas.

“La novela homosexual de entonces tendía a tener un final trágico. En general, solía tratar de hombres. Uno de los personajes principales, si no ambos, tenía que cortarse las venas o ahogarse voluntariamente en la piscina de alguna bonita mansión, o bien tenía que decirle adiós a su pareja porque había decidido elegir la vía recta. Uno de ellos (o de ellas) tenía que descubrir el erro de sus costumbres, la desdicha que le esperaba , y tenía que conformarse para… ¿qué? ¿Para que le publicarna el libro? ¿Para garanizarle al editor que nadie le pondría un ojo morado por haber defendido la homosexualidad? Era como si hubiera que advertir a la juventud contra la atracción hacia el propio sexo (…).”

Patricia Highsmith en su epílogo a “Carol”

Hay que contar historias, las historias de siempre, las que conocemos y las que nos inventamos. Las historias sirven para que nos identifiquemos, para que soñemos con otras realidades y las logremos, para que escapemos de esta realidad, para que tengamos fuerzas para enfrentarla, hay que contar historias siempre con nuestra voz, que es la única que tenemos y que es única y sólo por eso necesaria.

Publicado en Feminismo, Te cuento mi vida, veganismo

Autorevolución

Entrada publicada hace un año en Proyecto Kahlo
Ilustrada por Patricia Corrales
Enlaces añadidos a posteriori

 

Lo personal es político

Lo personal es político.

No recuerdo cuando fue que oí o leí esta frase por primera vez, pero sé que no la entendí. Quizá ahora empiece a hacerlo. Son cuatro palabras que dicen demasiado.

Recuerdo aún cuando yo decía “ni machismo, ni feminismo, yo creo en la igualdad”, me da vergüenza admitirlo, pero fui de esas. De las que no sabían lo que era el feminismo. Pero a la vez me llena de orgullo haberlo sido y haberme movido lo suficiente para ser feminista.

A mí el feminismo me ha dado mucho. Gracias al feminismo voto y gracias al feminismo dejo de competir con mujeres para comenzar a abrazamos. El feminismo me ha abierto las puertas al autocuidado y me ha permitido acercarme a otras culturas con otra mirada.

Y como soy agradecida de nacimiento o de socialización, pues yo pensaba qué podía hacer yo por el feminismo, es decir, por mis hermanas. No tengo el don de la oratoria, ni tengo una profesión de esas que cambian el mundo, tampoco el arrojo para darlo todo por las personas más desfavorecidas. Entonces empecé a hacer lo mío: estudiar, aprender y descubrir nuevas cosas.

Investigué sobre mi menstruación. La amé (la amo), la veneré (la venero), la acogí (la acojo) y lo proclamé. Mis dolores premenstruales desaparecieron, mi entorno empezó a conocer sus fases menstruales, la copa menstrual estaba en boca de todo el mundo, yo cancelaba citas para descansar mientras mi endometrio se contraía. Algo había cambiado. Mi mundo había cambiado. Me contagiaba de mundos cambiantes y contagiaba a otros mundos mi cambio.

Lo menstrual se hacía político.

Empecé a pasar más tiempo con mis gatos. Empecé a leer sobre especismo. Empecé a leer sobre consumo sostenible. Pregunté y más gente se hizo esas preguntas conmigo. Soy vegana. Mi nevera ha cambiado. Mi relación con mi entorno ha cambiado. Siento que decido más con mi cartera que con mi voto. Cada día tomo decisiones que van más allá de mi interés personal. Mi percepción ha cambiado.

El consumo se hacía político.

Oí hablar de micromachismos, de mansplainning, de ocupación de espacios… Observaba en el bus urbano cómo actuaba cada persona definida como hombre o como mujer. Jugué. Si un hombre invadía mi espacio abriéndose de piernas, yo me abría más e invadía el suyo. Guerreaba en cada viaje al trabajo. Expresiones de disgusto, de sorpresa, de desagrado. Me empezaba a sentir cómoda en mi cuerpo, en mi sitio, ocupando espacio y moviéndome a mi antojo. Mi presencia había cambiado. Las personas me veían y algunas me imitaban.

El cuerpo se hacía político.

Me cansé de cuidar. Me arranqué el rol de cuidadora del resto de personas. Me cuidé a mi misma. Busqué mi sitio, mi fortaleza, me acomodé en mi para estudiarme a mí. Me analicé, me disfruté, me reencontré. Bailé (bailo) desnuda, abracé (abrazo) a mi niña interior, volví (estoy) a la magia, poemé (poemo) en los semáforos. Y entonces lo vi. La revolución no cambia el mundo. La revolución cambia a las personas que cambian el mundo.

Lo personal es político.

Publicado en Feminismo, Recomiendo libros

“Cómo se hace una chica”, de Caitlin Moran

Título: Cómo se hace una chica
Autora: Caitlin Moran
Páginas: 395
Editorial: Anagrama

Cómo se hace una chica de Catlin Moran
¿Qué pasa con la gordofobia? Uno de los rasgos físicos que caracterizan a la protagonista es su obesidad, ¿por qué poner unas piernas de la talla 36 en la portada?
Nunca he sido muy fan de ese realismo que se centra en lo feo, en lo obsceno. De Bukowsky salvo algunos poemas y tiendo siempre a una literatura que me haga soñar, la realidad la tengo demasiado cerca. O quizá es que nunca había leído una novela “realista” que me pareciera real. Real de verdad, que hablara de MI REALIDAD o de una realidad que yo entendiera. Caitlin Moran habla de mi realidad: manchar sábanas con la regla, llenarte de granos la cara por comer todos los días lo mismo, la incomodidad de los penes demasiado grandes y de cómo inventarse una misma puede ser el único camino que te lleve a ser quien eres.

“Oír a las mujeres cantando canciones sobre ellas mismas, y no a los hombres cantando sobre mujeres, hace que de repente todo parezca maravillosamente claro, y posible”

La historia que cuenta es la Johanna Morrigan, una adolescente de clase obrera y familia muy pobre,  con un padre que quiere ser una estrella musical, demasiados hermanos y ganas de dejar de ser ella misma. Johanna se convertirá en Dolly Wilde, una crítica musical deseosa de perder su virginidad y ser algo más que una adolescente sin futuro.

No sé cómo habrán leído “Cómo se hace una chica” las personas que siempre han sabido cuál era su sitio, pero yo (que he andado muy perdida) lo he leído a carcajadas llenas de ansiedad. Me han flipado las metáforas que utiliza. No es tanto la historia lo que me ha atrapado en este libro, sino la poca vergüenza de Johanna en mostrarnos de dónde surgen sus acciones: de ese absoluto terror a meter la pata y a seguir siendo pobre.

“Por fin me veía aparecer en el mundo. Follaba y publicaba artículos. Me iba componiendo poco a poco, como una imagen vista con un telescopio”

Hacía mucho que no me pasaba media noche despierta hasta acabar un libro. Leyendo con hambre, saltándome párrafos sin masticar, meando con el libro en la mano. Estaba sedienta de novela y se ha juntado con las ganas de beber algo sin complejos, sin filtros. Puede que no sea un libro de alta cocina, pero es la mejor pizza para la resaca que he leído nunca.

“Me siento maravillosamente libre. Anoche iban a pasarme cosas que no me gustaban y lo evité. Hasta ahora, nunca había evitado mi propia desgracia. Nunca me había plantado en el camino que iba a condicionarme a la desgracia y me había dicho (con cariño, como lo diría una madre): << ¡No! ¡Esta infelicidad no te corresponde! ¡Da media vuelta y toma otro camino! >>”

Y sí, lo he acabado llorando, sin un motivo concreto y sin una emoción definida. Sintiéndome como cualquier chica de 17 años. Deseando poner Garbage en bucle y no parar hasta dormirme sobre una almohada húmeda.

Publicado en Feminismo

Sufragio universal y selección femenina

El lenguaje tiene muchas trampas, ya que es reflejo de la sociedad y cultura en las que vivimos y, además, afecta de manera importante a la configuración de nuestro pensamiento. Cómo nombramos las cosas nos lleva a entenderlas de una u otra manera. El otro día (sí, voy tarde a todo, pero aquí estoy) caí en la cuenta de que el sufragio universal nunca ha sido universal y que las selecciones deportivas son o “las importantes” o las femeninas nunca masculinas. Ahí entendí por fin a Simone de Beauvoir cuando explica que la mujer siempre ha sido “el otro”, nunca sujeto principal.

alteridad Simone de BeauvoirSufragio no universal y sufragio femenino

Desde que empecé a estudiar historia en el colegio he oído hablar del sufragio universal. En una sociedad aparentemente democrática el sufragio universal se ha vendido en todos los libros de texto como un triunfo. Y lo hubiera sido, si hubiera sido universal. Sin embargo, se llama sufragio universal al sufragio masculino. Nada nuevo, realmente, desde que sabemos lo masculino se ha definido como lo universal. Nosotras, las mujeres, somos lo otro, lo accesorio, la guinda del pastel, pero nunca formamos parte del todo, de lo principal ni siquiera del universo, parece.

sufragio universalMe he dado una vuelta por la Wikipedia para comparar los años en los que se logró el sufragio masculino y el sufragio femenino, para ver si en alguno se consiguió realmente el sufragio universal a la vez. Y sí, en Uruguay se implantó el sufragio universal real en 1917. En Nueva Jersey también, pero fue un error, ya que se usó la palabra “personas” en lugar de hombres. Por “suerte” el error fue reparado y el sufragio femenino se abolió en 1807. Ya veis, cosas del lenguaje inclusivo, se ve que sirve para algo.

En otros lugares se instauró el sufragio femenino y masculino, pero no se permitía votar a personas de según qué razas (iba a escribir “otras razas” pero ¿cuál es la otra raza? ¿la que no es la mía?). Aún así se siguió llamando sufragio universal al hecho de que los hombres de razas y clases privilegiadas pudieran votar. Por que así es como pensamos, que los hombres son las figuras principales en la sociedad y el resto, somos “lo otro”, lo femenino y así debemos ser nombradas.

Selección y selección femenina

Ya nos cuesta ser nombradas en esferas que “no nos corresponden” históricamente (no hablemos ya de ser premiadas) pero es que, además, cuando se nos nombra se añade siempre una alusión a nuestro género. Así, si gana la selección masculina de fútbol, las portadas de todos los periódicos (incluidos los no deportivos) muestran en grandes letras el triunfo de LA SELECCIÓN. Sin embargo, si gana la selección femenina, además de imágenes de culos, opioniones sobre el físico de las deportistas y otros añadidos, podemos ver en algún periódico deportivo algún titular sobre el éxito de la selección FEMENINA. Que quede claro que es “la otra” selección, no la principal, que nosotras vamos después. No hay confusión, LA SELECCIÓN es la importante, no hace falta especificar que es masculina, se da por hecho.

¿Qué hacemos con el lenguaje?

¿Se ve a dónde quiero llegar? Cómo el lenguaje va en dos direcciones, nos ayuda a analizar cómo una sociedad entiende el mundo, pero también enseña a esa sociedad a entender al mundo. Recuerda cuando eras más pequeña, recuérdate en clase de historia estudiando el sufragio universal, imaginando ese triunfo, imaginando personas acudiendo a las urnas, ¿en qué piensas? Puede que si eres mujer pienses también en alguna mujer votando, seguramente si eres hombre te imaginarás más hombres. Ahora, varios temas más adelante, se habla del sufragio femenino. ¿Qué te queda en la mente? Que tú tienes que luchar sola por lo tuyo, que todo lo que otros consiguen a ti te va a llegar más tarde, que tienes que esperar, que eres la otra parte, el otro sexo, el segundo, el que se configura en función del uno.
Y llegas a casa y ves el periódico, LA SELECCIÓN vuelve a ganar o perder, esos héroes patrios, ellos, vitoreados. No son nombrados en función de su sexo. No son la selección masculina, son la importante, y si tú te apuntas a algún deporte, te apuntas a la parte femenina, la que cobra menos (si cobra), la que si gana no tiene derecho a celebrarlo como ellos, la que te desmoraliza y te hace entrenar menos y estudiar más, la que tiene entrenadores masculinos porque son “los que saben”. Y claro, así cuesta más y quizá tengan razón, quizá el deporte no sea cosa de mujeres, sino podrías ganarles aunque los medios de los que dispones son inferiores.

Athletic Club de Bilbao
Athletic Club de Bilbao, festejando la liga. /Foto oficial del Club

Y así, escuchando cómo utilizamos el lenguaje podemos entender por qué sigue habiendo desigualdad, discriminación, acoso y asesinatos machistas. Y quizá también, empezar a usar el lenguaje de una manera más inclusiva, nos ayude (junto a muchísimas más medidas) a lograr la igualdad real. Algo tan sencillo como decir “equipo masculino de baloncesto” la próxima vez que mencionemos el partido o “sufragio masculino” en los libros de texto nos ayudará a visibilizar las diferencias que existieron y existen.

 

Si no habéis pinchado en este enlace arriba, hacedlo ahora: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article832

Publicado en El Mono Revista Cultural, Entrevistas, Feminismo

Fátima Djarra, “Indomable” luchadora contra la Mutilación Genital Femenina – Entrevista –

Entrevista ampliada de la publicada en el Número 53 "Especial Fe" de Revista El Mono

Técnica en Mutilación Genital Femenina (MGF) en Médicos del Mundo Navarra, fundadora de las asociaciones Flor de África y Dunia Musso… Fátima Djarra Sani es una mujer “Indomable” (como se titula el libro sobre su vida) pero, sobre todo, fuerte, enérgica, divertida, a veces tímida y, siempre, luchadora.

El Mono – Perteneces al Consejo de Igualdad de Navarra, has leído el pregón de Navidad de Pamplona, han escrito un libro sobre tu vida, te invitan a dar charlas en todo el estado… ¿cuándo obtendrás la nacionalidad?

Fátima – La ley de Extranjería es muy dura para los países que no fueron colonia española., te exigen 10 años de residencia, que cuentan desde que te conceden la tarjeta de residencia, no desde que te empadrona. Yo cumplo los 10 años este año, pero ahora tengo que hacer un examen. Para demostrar que estoy integrada. ¿Quién me va a decir a mí que no estoy integrada? ¡Me conocen más aquí que en mi tierra. Es una falta de respeto y discriminación.

Parlamento

EM -Africana, mujer y pobre, tres discriminaciones, ¿cuál se nota más?

F -Se viven las tres. Encontrar trabajo antes de Médicos del Mundo era imposible. Oyen tu acento y no te dan trabajo ni vivienda. Yo vivía de la renta básica y lo pasaba fatal, yo no quería vivir del Estado.

El tema de acceso a una vivienda… Sólo accedo a vivienda precaria por ser mujer y negra. Se piensan que eres pobre, que no la vas a cuidar, no quieren alquilarte nada. En cuanto te ven africana, piensan que eres pobre.

La lucha contra la Mutilación Genital Femenina

EM- ¿Cómo una técnica superior en construcción civil ha acabado como máxima exponente nacional de la lucha contra la Mutilación Genital Femenina?

F- Si alguien me hubiera preguntado en el 90, le hubiera respondido que nunca me vería trabajando contra la MGF. Decidí trabajar en eso cuando llegué a España, tras entrar en Médicos del Mundo Navarra. Aquí no podía trabajar de lo mío, convalidar todo era un rollo. Así que estudié mediación y así fue como conseguí el trabajo. Y cuando empecé el trabajo decidí estudiar Integración Social en la UNED, ¡ya tengo el título!

EM- ¿Cuándo te diste cuenta que la Mutilación Genital Femenina no era algo bueno?

F -Desde los 12 años empecé a luchar contra la MGF. En clase de ciencia explicaban el aparato reproductor femenino y vi que yo no tenía todos esos órganos. La mutilación era un tema tabú. En la familia no se hablaba. Yo no podía hacer nada. Sólo hacía esa reivindicación con mis amigas, que me trataban como a una loca. A los 15 años fui a estudiar a Cuba y allí vi la situación de la mujer, la libertad, la igualdad. Allí abrí los ojos.

EM – En muchos países está prohibida la MGF (Guinea Bissau, Guina Conackry, Mali, Gambia, Kenia…), ¿es suficiente?

F- Creo que el marco jurídico no es suficiente para prevenirla. Yo no soy partidaria de la parte penal, de que se intente disuadir con leyes. Lo que quiero es que la comunidad se involucre, que se trabaje alfabetizando a las mujeres, incluyendo la MGF en la educación para salvar a la nueva generación. Que los estados hagan campañas y realmente trabajen en ello. La ley no basta, que la gente tenga miedo no va a cambiar una tradición milenaria. Hay que trabajar sobre todo con la comunidad joven.

EM – ¿Qué problemas nos encontramos desde países europeos al lucha con la MGF en países africanos?

F- Si el Gobierno del país donde se practica la MGF trabaja para desmontar el mito cultural y desde la salud pública será más efectivo. Pero se tiene miedo a perder los votos, a las supersticiones

Cuando los países extranjeros obligan, prohíben e intervienen en temas que se entienden como propios, se ve como una intervención en su cultura. Se ve a las personas occidentales como malas. La propia comunidad donde se practica no reconoce la MGF, por ello se tiene que trabajar a través de la comunidad…

EM -¿Cómo se puede prevenir la MGF desde aquí en países que están en otro continente, hablan otro idioma y tienen otra cultura?

F -El trabajo que hace Médicos del Mundo me ha hecho saber que trabajar sobre la Mutilación Genital Femenina a través de personas de aquí no da resultado. Tienen que ser las propias africanas. Que sean las propias personas de la comunidad quienes hablen en su país, conociendo la cultura, la religión… Así es más fácil entenderse y contrastar opiniones.

La estrategia de mediadora es fundamental, es una persona que puede transmitir bien el mensaje y garantizar confidencialidad y confianza. En los 10 años que llevo trabajando he logrado una gran confianza y relación con la comunidad africana. Me siento privilegiada de ser hermana de hombres y mujeres.

Esta estrategia tiene un efecto multiplicador. Cada año formamos a 15 mujeres en salud y a 15 hombres como agentes transformadores. Cuando viajan a su país sensibilizan desde su comunidad y su familia. Y multiplican el conocimiento. Todo el mundo conoce la Mutilación Genital Femenina pero no las consecuencias reales, nuestra misión es hacer llegar ese mensaje.

Cuando yo empecé en 2008 la gente no hablaba del tema. Yo era un bicho raro, pero hoy en día, la comunidad africana participa en medios, campañas, sensibilizan… Siento una gran satisfacción por nuestra labor.

“Indomable” la historia de Fátima hecha libro

Indomable Libro

EM – Un día te llaman de Editorial Planeta y te dicen que quieren escribir un libro sobre tu vida. Ese libro titulado “Indomable” se agota en la mayoría de lugares donde lo presentas. ¿Qué crees que buscan quienes te leen en él?

F – Buscan conocer a la mujer africana. Hay mucho estereotipo y desconocimiento. La gente se reconoce en mi historia y conoce el contexto cultural y así ya no nos ven como salvajes. Las madres que mutilan a sus hijas no es por que quieran el mal para ellas, es por desconocimiento. Una mujer que lleva 9 meses en el vientre a su hija no va a querer matarla, o que muera desangrada, o que tenga problemas en el parto, o que no disfrute las relaciones sexuales. Si ellas reconocen que lo que les ha pasado a ellas es algo malo, podrían prevenir la mutilación, pero ellas están educadas para lo mismo. Ellas están educadas para pensar que es algo bueno.

EM – Dices en el libro: “En África, dónde la familia lo es todo, una no puede hallar la paz sin la aceptación de los suyos.” ¿Tienes la aceptación de tu gente? ¿Fue fácil? ¿Y aquí?

F – Tengo la aceptación de mi familia cercana. La mayoría creo que me apoya aunque no me lo dicen. Si no me dicen lo contrario, para mí significa que me quieren. Hay gente que sí ha reconocido mi trabajo, como mis compañeras de Cuba, mi familia de aquí, mi hermana, mis hijas e hijos….
Tengo otra familia aquí, personas admirables que me apoyan en Médicos del Mundo Navarra y Flor de África. Me gustaría agradecer especialmente a Farmata Watt, Djamila Mamoudou y Oumoul Khairati Bah.

EM – “Rebeldía, que no ira” otra de las frases de libro. ¿Nunca has sentido ira?

F – Con 12 años tenía ira pero, conforme pasó el tiempo, comprendí que quienes me habían practicado la ablación también son víctimas y supervivientes.

Cuando vine aquí, al principio sentía ira cuando hacía talleres porque la gente me insultaba. Llegaba a casa y pensaba “¿para qué hago todo?”, “por que tengo esperanza” me respondía.

En Navarra, la comunidad africana me entiende y respeta, muchas personas me tienen ya de referencia y la ira se desvanece.

EM – “Yo peleo cada día para prevenir la ablación, equiparar en derechos a los africanos y africanas y desterrar ese estereotipo de la mujer dócil y apocada” ¿Alguna vez has sido dócil y apocada?

F – Lo fui. A partir de 1993. Yo era una niña muy rebelde. Después de casarme fui mujer dócil y apocada porque me sometí a un hombre por amor. Vivía en silencio. No decía lo que sentía.

EM – ¿Te arrepientes?

F – Una parte sí y otra no, porque esa persona me cuidó mucho, me ayudó a tranquilizarme, a ser quien soy ahora, no meterme en tantos berenjenales. Pero desde el punto de vista de la igualdad, me arrepiento.

Película, escuela, carrera…

EM – Háblanos de “La Manzana de Eva” la película de José Manuel Colón en la que participas

F – Es un documental que lucha por los derechos de la mujer y los derechos humanos. José Manuel Colón es muy valiente. Trabaja para visibilizar la Mutilación Genital Femenina en España y los países occidentales. Leyó mi libro y me llamó para ofrecerme participar. Me gustó su enfoque y que es muy trabajador. Se estrenará entre junio y septiembre. Me hace ilusión que hemos participado dos mujeres que trabajamos en MGF en el Estado.

Ve el trailer de "La Manzana de Eva" aquí: https://vimeo.com/216461986
Película “La Manzana de Eva”

EM – Libro, pregón, documental, talleres, asociaciones… ¿qué te queda por hacer?

F – Me queda mucho por hacer, por ahora necesito los medios financieros para la escuela de empoderamiento. Si alguien quiere apoyar el proyecto, que se ponga en contacto conmigo o con la Revista El Mono. Se pueden cambiar muchas cosas.

EM – Técnica en MGF en Médicos del Mundo Navarra, fundadora de la asociación Flor de África, fundadora de Dunia Musso, ¿cuál es tu próximo proyecto?

F – Abrir una escuela de empoderamiento femenino en Guinea Bissau. Quiero crear un hilo conductor entre Navarra y Guinea Bissau a través de Dunia Musso para trabajar con jóvenes. Mi próximo paso es organizar una carrera de mujeres en Guinea Bissau para recaudar fondos y sensibilizar contra la MGF. Me gustaría hacerla el 25 de Noviembre, el Día Mundial contra la Violencia contra las Mujeres.

EM – ¿Algo que quieras añadir?

F – Agradeceros la entrevista y a quienes han confiado en mí y han valorado todo el trabajo que estoy haciendo. Es un orgullo y voy a continuar. Ya no creo que vuelva a la Construcción Civil, jajaja.

Publicado en Feminismo, Te cuento mi vida

No conozco hombres feministas, ¿o sí?

Chicos, chavales, hombres, muchachos, tíos que afirmáis en mi cara que queréis ser feministas, que no sois machistas, que estáis contra el maltrato y los asesinatos a mujeres, bien, olé por tener corazón y algo de moral. Aplauso.

¿Puedo seguir?

Cuando venís de majos a desmontar los argumentos con los que defiendo la igualdad, señalando la violencia de género simbólica e institucional, me preguntáis por el “hembrismo”, las denuncias falsas, lo duro que es que se espere de vosotros que folléis siempre (pobres, nosotras preocupadas por que nos violen y sin ponernos en vuestro lugar)… Cuando venís así invalidáis todo lo anterior.

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Y si os lo hago ver queréis que os ilumine con mis supuestos superconocimientos de feminismo aportándoos estudios, datos, definiciones… No sé si sabéis que apenas hay estudios reglados de feminismo, aunque por suerte estén aumentando. Hay mujeres y plataformas que hacen un gran trabajo de enseñanza y educación. Pero hasta donde sé, lo justo se habla del movimiento sufragista en los libros de historia, filosofía y ciencias sociales de los colegios. Y eso que es la parte favorita del patriarcado, “ya podéis votar, ahora callaros, dejad de leer y molestar y votad lo que os digamos” (a veces me pongo de un Victoria Kent que atufo).

O sea, que yo no tuve un hada madrina que subió del maravilloso infierno feminista donde se queman todas las brujas a darme clases especiales y a imbuirme pensamiento crítico y ganas de hacer algo con una varita mágica. Fui yo, poquito a poco, con la ayuda de mis compañeras quien se fue empapando, quien se hizo preguntas y buscó las fuentes para contestarlas, quien se acercó a mujeres que sabían más y preguntó para escuchar respuestas (preguntar para contraargumentar no ayuda mucho a aprender, o sea, que la próxima vez que queráis preguntar “¿y las denuncias falsas, qué?” o lo hacéis para que te explique este artículo de Miguel Lorente o no pienso gastar más saliva que la que emplee en decir “adiós”). Cuando yo preguntaba, se me daba una cortita explicación y seme remitía a artículos de sociólogas, comunicadoras, filósofas, investigadoras, políticas y periodistas duchas en la materia. Y yo leía esos artículos, incluso algún libro. ¡Ey, sorpresa! Leyendo se puede aprender mucho. Si me parecía interesantes los compartía, los recomendaba y los comentaba. Fue mi primera aportación a la lucha contra la violencia machista, la cultura de la violación, la cultura de la pederastia y la lucha feminista. Antes incluso de entender que lo personal es político y empezar a realizar cambios más profundos.

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Me encuentro tíos que me dicen que quieren hacer algo para que no nos maten, pero ni siquiera son capaces de leer un artículo que explique las causas de esos asesinatos, no digo buscarlo, ¡por favor!, digo leerlo cuando se lo envías. Y si no son capaces de leer sobre aquello que dicen querer evitar, ¿cómo van a hacer algo para evitarlo? También hay artículos sencillitos sobre qué pueden hacer para que dejen de matarnos. Incluso en formato revista, como este en forma de lista.

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Y que incluso hay documentales para quien no quiera leer. O entrar en Facebook y compartir las cifras de asesinatos machistas.

Como seguro que hay alguien que me dice que todo es mentira y que le dé datos, he hecho un experimento casero:

Tengo 656 contactos en mi perfil personal de FB. De los cuales 223 se han categorizado como hombres y 372 como mujeres (61 son páginas profesionales). De los 223 hombres de mi Facebook sólo 17 (un 7,6%) han compartido contenido que promueve la igualdad en el último mes (mes en el que incluyo San Fermín y en el que se ha llegado a los 69 asesinatos de mujeres a manos de hombres, en el que Juana Rivas ha tenido que esconder a sus hijos de un maltratador condenado y en el que un chaval de 15 años ha violado a una niña de 9).

Por que sé que me lo vais a preguntar, de las 372 mujeres, han compartido contenido en pro de la igualdad en el último mes 128 (un 34,4%)
O sea, todos esos tíos que a veces me dicen que no son machistas o que no quieren que nos maten, no han sido capaces ni siquiera de darle a un botón desde su móvil u ordenador. Y sí, os he repasado a todos y todas. Me ha llevado 4 horas, pero no me he dejado a nadie.

Y sí, hay algunos de vosotros que apenas comparten contenido, pero sí he visto contenido compartido en pos de la igualdad de clase, contra determinadas políticas, en defensa de unos principios o valores en concreto, pero mira, en defensa de la igualdad y de los derechos de la mitad de la población, incluso en la defensa de las fiestas de San Fermín desde el punto de vista de su lucha contra las agresiones sexistas, pues no.

Que no digo yo que compartir artículos, vídeos o memes que fomenten la igualdad sea lo único que se pueda hacer, pero sí que es de lo más sencillito. Tampoco digo que hagáis el tremendísimo esfuerzo de dejar de hacer chistes machistas, salirte del grupo Fototetas o decirle a tu colega que deje en paz a esa chica borracha en el bar, ¡dónde vamos a parar! ¡no vayamos a cambiar la sociedad demasiado!

Pero joder, 69 asesinatos en menos de 8 meses. Entro en Facebook y me encuentro lo que os digo. Pues mira, no vengáis a decirme que queréis que dejen de matarnos. Queréis que dejemos de morirnos y de molestar, no queréis cambiar nada. Para cambiar las cosas hay que actuar y no, no lo estáis haciendo. Majos.

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AVISO: No considero el número de publicaciones en Facebook un barómetro del comportamiento machista o no. Muchas mujeres y hombres de mis contactos realizan un activismo y se comportan de manera no machista y no publican nada en sus redes. Este artículo habla de quienes dicen querer cambiar las cosas, pero no hacen N A D A.
Para quienes se han sentido señalados, vuelvo a remitir al artículo: https://especialistaenigualdad.blogspot.com.es/2017/06/25-cosas-que-puedes-hacer-cada-dia-para.html