Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

El machismo en Japón: ¡viva tu madre!

Artículo publicado en Nº 58 Especial Yamaguchi Connection de Revista El Mono
El Mono Revista Cultural Yamaguchi Connection 58
Portada de Adi Punk

Pues nada, otra vez enfadada. Mira que hay cosas de Japón que me gustan y por eso quería cargarme las ideas que me hice las dos veces que viajé allí y he estado investigando un poco sobre feminismo japonés. Pues nada, que me he cabreado más y encima, me he reafirmado en lo que pensaba.

He descubierto el término “amae” que significa dependencia indulgente. Vamos, que a la cultura de la pedofilia, a la prohibición de acceso de las mujeres a cocinar sushi, al estigma de las mujeres que no se casan o se divorcian, a la incapacidad de demostrar emociones y a mil cosas más que ya me chirriaban, ahora añadimos el término “amae”.

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Os explico esto de la dependencia indulgente. Para empezar el término lo define un tío, Doi Takeo, psicoanalista como nuestro queridísimo y nada machista ni manipulador Freud. Y viene a definir la relación entre una madre sobreprotectora y un niño inmadura, egoísta incluso. ¿Os suena? ¿Mucho? ¿No habréis tenido alguna vez un novio así? Seguro que no. Nunca.

Sigamos.
Por lo visto, esta expresión viene a decir que las madres japonesas son reverenciadas en esa cultura por su rol de cuidadoras y que eso hay que cuidarlo y mantenerlo. ¿Os suena? ¿Mucho? ¿No será que en vuestra familia quienes más cuidan a menores y mayores son las mujeres? Seguro que no. Nadie.

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La defensa de esta dependencia viene a decir que en Japón ser ama de casa y madre es guay y que en el resto del mundo serlo está mal visto. Que digo yo que entonces ¿por qué todo el mundo me pregunta las razones de por qué no quiero ser madre? ¿o por qué existirá el término “se te va a pasar el arroz”? ¿o por qué las mujeres se cogen más excedencias que los hombres para cuidar a la prole?

¡Hola! Me faltaban quienes defienden el relativismo cultural. Pasen, pasen, tomen asiento. A ver, cuéntenme. “Japonfobia”, mmmhh, siguiente. “Hay que respetar otras culturas”, ¿si?, ¿sabes que la mutilación genital femenina y el asesinato de niñas al nacer se defiende desde el punto de vista cultural? “Si ellas eligen estar oprimidas, quienes somos para impedírselo”, bien, chavalote, defendamos la esclavitud voluntaria.

Y todo esto no significa que ser madre me parezca mal (por lo menos no peor que ser padre, pero tened en cuenta que aspiro a una extinción no violenta de la raza humana), sino que no debería ser obligatorio. Igual que no debería serlo el rol de cuidadora. No debería recaer sobre las mujeres en exclusiva como lo ha venido haciendo milenios. Que me hace mucha gracia a mí que haya tíos que sepan pilotar aviones, doctorarse en ingeniería y luego se oiga por ahí “es que ella tiene más mano con la cría” o “María, tú dime qué tengo que comprar y yo hago la compra”.

 

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Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

¡Inocentes mis ovarios!

Artículo publicado en Nº 57 Especial Detectives de Revista El Mono

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No es que ande escasa de odio en el tema detectives, no. Y no es que no se me ocurra de qué escribir. Es que esta es una revista de humor, de esas que lees y no te cambia el día, ni el ánimo ni la vida ni nada. O sea, que yo podría hacer algo light, sencillico, el típico “Tips para saber si sales con un machista. Pero vamos, que ahí acabo pronto, que cualquiera que haya crecido en esta sociedad es machista porque es una sociedad machista. Sí, yo también, no te ofendas que gasta energía. Así que no puedo tirar por ahí.

 

También podría irme a la anécdotas personales, como hace la del Discalculia o el del Naburrismos. El típico “Cómo cotilleo a mi ex por instagram y qué conclusiones saco”. Pero mira, es que ahora que estoy en paro ni tiempo para cotillear y, no os creáis, las conclusiones no son muy diferentes de cuando le cotilleaba el cajón de los calzoncillos.

Había pensado también un artículo de actualidad, tipo el Lamonatorio, sobre cómo saber si tu cita de Tinder quiere mambo o sólo hacerte breadcrumbing (¿aún no lo habéis buscado en google?). Pero claro, eso me parece patriarcal, porque ¿cuál es el deseo que cuenta el suyo, el tuyo, ninguno, ambos, me está quedando esto muy hetero? (no sabéis las complicaciones que trae ser feminista a la hora de expresarse e, incluso, vivir).

Mirando a mi gata lamerse su orificio anal, se me ocurrió hablar de clichés en la novela negra. Pero al tercer lametazo me pareció una idea de mierda.

Así que aquí estoy, metiendo palabras (jefe, ¿con quinientas vamos bien?) y evadiendo el tema, el temita, la palabrita, los personajillos… Porque resulta que yo no leía nada, ni miraba vídeos, ni memes siquiera. Ni compartía fotitos con la cara de los repulsivos. Ni preguntaba opiniones. Pero resulta que existe gente, existen seres con forma humana que son capaces de expulsar de su mente estas palabras “¿y si son inocentes?”. Mira no. Que bien de matices judiciales. Que lo que quieras del circo mediático. Que si quieres jugamos a mirar estadísticas. Pero mira, por ahí no. Así que, tarea detectivesca para vosotros (sí, en masculino no genérico, que no se lo he oído a ninguna tía): preguntad a cualquier mujer si entre sus prioridades está ser penetrada por diversos orificios por cinco tíos. Que es que no sé cómo decíroslo, falocéntricos de mierda, que vuestros penes no nos vuelven locas, que muchas veces son un mal menor, que dejéis de ver porno de mierda y de pensar que sois el maldito centro y que ahí está el problema. Que no es matar violadores (aunque yo ahora me quedaba agusto haciéndolo), ni castración química ni licuadoras para pollas violadoras; que la cosa es que dejéis de pensar en vosotros, en lo que os gusta sólo a vosotros, en lo que os gustaría que os hicieran, en que vuestros deseos deben ser satisfechos, en que importáis más que nada. Abrid los ojos, ved la mierda que estáis perpetuando con vuestros grupitos de tetas de whatsapp y vuestros “yo ayudo a mi mujer” y suicidaos si os queda conciencia.23722399_295204464326562_2595732378316410844_n

 

Publicado en Feminismo, Recomiendo libros

“Carol”, de Patricia Highsmith

Carol Patricia HighsmithTítulo:  Carol
Autora: Patricia Highsmith
Páginas: 381
Editorial:  Anagrama

 

Recuerdo que cuando estrenaron la peli, no fui a verla. Voy muy poco al cine y las historias de amor cada vez me llaman menos. A veces se me olvida que las parejas homosexuales han vivido el amor de otras manera, que ser pareja cuando eres gay o lesbiana requiere altas dosis de valentía y riesgo, y que ahí sí, sin duda ninguna, lo personal es político. Pero como os digo, a veces se me olvida, y esa vez no fui al cine a pesar de que la película se recomendaba por todos lados.

“Eran emociones que Therese no había experimentado hasta entonces, que ni siquiera se había atrevido a soñar y, por lo tanto, emociones revolucionarias en sí mismas”

A donde sí que voy y me encanta es a las bibliotecas. Y más desde que tengo una debajo de mi casa. Bajé y me puse a averiguar si los nombres que leía eran hombres o mujeres. Buscando autoras. Autoras que hablaran de un lenguaje que yo conociera, que escribieran sobre un mundo con el que yo me identificara. Seleccioné varios libros, pero me apetecía algo que me enganchara. Algo con suspense. Y la recordé, ¡Patricia Highsmith! Bien, no encontré ningún libro de los que llevaba en mente. Había dos sobre Mister Ripley (tampoco sabía que esas películas estaban basadas en libros y menos de ella) y Carol. Ahí flipé. Recordaba el cartel de la película, Cate Blanchett, ese fondo borroso típico de historias de amor. Pero era Highsmith, no podía ser un mal libro.

Ella explica genial en el prólogo porque no es una escritora de suspense, que no le gusta que la encasillen en un género, pero yo no conocía mucho más de ella. ¿Y vosotras?

“Y además, cuando se publicó Extraños en un tren y poco después la compró Alfred Hitchcock para hacer una película, mis editores y mi agente me aconsejaron: << Escriba otro libro del mismo género y así reforzará su reputación como…>> ¿Cómo qué? Extraños en un tren se había publicado como <<Una novela Harper de suspense>>, en Harper & Bros (…) y de la noche a la mañana yo me había convertido en una escritora de <<suspense>>. Aunque, en mi opinión, Extraños en un tren no era una novela de género, sino simplemente una novela con una historia interesante. Si escribía una novela sobre relaciones lesbianas, ¿me etiquetarían entonces como una escritora de libros de lesbianismo?”

Patricia Highsmith en el prólogo a “Carol”

Además me encanta que me cuenten los finales de los libros desde el principio. Ya en la contraportada se hace hincapié en “FINAL FELIZ” y lo mismo en el prólogo. Si una historia puede permitirse contar su final, es que seguramente esté tan bien contada que nos haga olvidarnos de ello. Y así ocurre. Mientras leía Carol me tenía que repetir constantemente “tranquila, esto acaba bien”. Pero, ¿¡¿cómo!?! De verdad, te pasas todo el libro preguntándote cómo puede ser que esa historia de amor acabe bien. Bien, quizá sí sea una novela se suspense, ¿no?

Y no es solo una historia de amor, es un road trip, es una foto de las consecuencias de ser lesbiana en los años 40 y 50 en Estados Unidos (actualmente hay países donde reconocer tu homosexualidad te cuesta la vida), es la historia del desamor entre Carol y Harge, entre Therese y Richard, son los tejemanes para conseguir trabajo en el mundo artísico, la amistad que busca el bienestar de la otra sin dejar de ser humana…

“Y la soledad la barrió como un viento misterioso, como las tenues lágrimas que pronto anegaron sus ojos, demasiado tenues, lo sabía, para ser advertidas mientras alzaba la cabeza y miraba.”

Patricia Highsmith capta cada sentimiento y emoción tal como son, sin disfrazarlas ni simplificarlas. La represión de los celos, la indignación que causa querer caer bien, la felicidad en medio de la incertidumbre, el miedo a soltar la rutina…. Otro libro que me leí en menos de 24 horas, enganchada a esa acción constante que ocurre cuando dos personas se encuentran y ya no quieren separarse. Pero se separan, pero no quieren, pero se juntan, pero es raro, pero qué pasa, pero ahora sí, pero ¡ay!, que no…

“Tú eres tan frágil como esta cerilla. –Carol la sostuvo ardiendo un momento después de encender el cigarrillo -. Pero en las condiciones adecuadas podrías incenciar una casa, ¿verdad?”

Y el final, el epílogo contando la historia tras la historia. El rechazo del primer editor, el éxito el crítica de la edición normal, el éxito en ventas de la edición de bolsillo, las miles de cartas de agradecimiento, la respuesta de Patricia a dichas cartas.

“La novela homosexual de entonces tendía a tener un final trágico. En general, solía tratar de hombres. Uno de los personajes principales, si no ambos, tenía que cortarse las venas o ahogarse voluntariamente en la piscina de alguna bonita mansión, o bien tenía que decirle adiós a su pareja porque había decidido elegir la vía recta. Uno de ellos (o de ellas) tenía que descubrir el erro de sus costumbres, la desdicha que le esperaba , y tenía que conformarse para… ¿qué? ¿Para que le publicarna el libro? ¿Para garanizarle al editor que nadie le pondría un ojo morado por haber defendido la homosexualidad? Era como si hubiera que advertir a la juventud contra la atracción hacia el propio sexo (…).”

Patricia Highsmith en su epílogo a “Carol”

Hay que contar historias, las historias de siempre, las que conocemos y las que nos inventamos. Las historias sirven para que nos identifiquemos, para que soñemos con otras realidades y las logremos, para que escapemos de esta realidad, para que tengamos fuerzas para enfrentarla, hay que contar historias siempre con nuestra voz, que es la única que tenemos y que es única y sólo por eso necesaria.

Publicado en Feminismo, Te cuento mi vida, veganismo

Autorevolución

Entrada publicada hace un año en Proyecto Kahlo
Ilustrada por Patricia Corrales
Enlaces añadidos a posteriori

 

Lo personal es político

Lo personal es político.

No recuerdo cuando fue que oí o leí esta frase por primera vez, pero sé que no la entendí. Quizá ahora empiece a hacerlo. Son cuatro palabras que dicen demasiado.

Recuerdo aún cuando yo decía “ni machismo, ni feminismo, yo creo en la igualdad”, me da vergüenza admitirlo, pero fui de esas. De las que no sabían lo que era el feminismo. Pero a la vez me llena de orgullo haberlo sido y haberme movido lo suficiente para ser feminista.

A mí el feminismo me ha dado mucho. Gracias al feminismo voto y gracias al feminismo dejo de competir con mujeres para comenzar a abrazamos. El feminismo me ha abierto las puertas al autocuidado y me ha permitido acercarme a otras culturas con otra mirada.

Y como soy agradecida de nacimiento o de socialización, pues yo pensaba qué podía hacer yo por el feminismo, es decir, por mis hermanas. No tengo el don de la oratoria, ni tengo una profesión de esas que cambian el mundo, tampoco el arrojo para darlo todo por las personas más desfavorecidas. Entonces empecé a hacer lo mío: estudiar, aprender y descubrir nuevas cosas.

Investigué sobre mi menstruación. La amé (la amo), la veneré (la venero), la acogí (la acojo) y lo proclamé. Mis dolores premenstruales desaparecieron, mi entorno empezó a conocer sus fases menstruales, la copa menstrual estaba en boca de todo el mundo, yo cancelaba citas para descansar mientras mi endometrio se contraía. Algo había cambiado. Mi mundo había cambiado. Me contagiaba de mundos cambiantes y contagiaba a otros mundos mi cambio.

Lo menstrual se hacía político.

Empecé a pasar más tiempo con mis gatos. Empecé a leer sobre especismo. Empecé a leer sobre consumo sostenible. Pregunté y más gente se hizo esas preguntas conmigo. Soy vegana. Mi nevera ha cambiado. Mi relación con mi entorno ha cambiado. Siento que decido más con mi cartera que con mi voto. Cada día tomo decisiones que van más allá de mi interés personal. Mi percepción ha cambiado.

El consumo se hacía político.

Oí hablar de micromachismos, de mansplainning, de ocupación de espacios… Observaba en el bus urbano cómo actuaba cada persona definida como hombre o como mujer. Jugué. Si un hombre invadía mi espacio abriéndose de piernas, yo me abría más e invadía el suyo. Guerreaba en cada viaje al trabajo. Expresiones de disgusto, de sorpresa, de desagrado. Me empezaba a sentir cómoda en mi cuerpo, en mi sitio, ocupando espacio y moviéndome a mi antojo. Mi presencia había cambiado. Las personas me veían y algunas me imitaban.

El cuerpo se hacía político.

Me cansé de cuidar. Me arranqué el rol de cuidadora del resto de personas. Me cuidé a mi misma. Busqué mi sitio, mi fortaleza, me acomodé en mi para estudiarme a mí. Me analicé, me disfruté, me reencontré. Bailé (bailo) desnuda, abracé (abrazo) a mi niña interior, volví (estoy) a la magia, poemé (poemo) en los semáforos. Y entonces lo vi. La revolución no cambia el mundo. La revolución cambia a las personas que cambian el mundo.

Lo personal es político.

Publicado en Feminismo, Recomiendo libros

“Cómo se hace una chica”, de Caitlin Moran

Título: Cómo se hace una chica
Autora: Caitlin Moran
Páginas: 395
Editorial: Anagrama

Cómo se hace una chica de Catlin Moran
¿Qué pasa con la gordofobia? Uno de los rasgos físicos que caracterizan a la protagonista es su obesidad, ¿por qué poner unas piernas de la talla 36 en la portada?
Nunca he sido muy fan de ese realismo que se centra en lo feo, en lo obsceno. De Bukowsky salvo algunos poemas y tiendo siempre a una literatura que me haga soñar, la realidad la tengo demasiado cerca. O quizá es que nunca había leído una novela “realista” que me pareciera real. Real de verdad, que hablara de MI REALIDAD o de una realidad que yo entendiera. Caitlin Moran habla de mi realidad: manchar sábanas con la regla, llenarte de granos la cara por comer todos los días lo mismo, la incomodidad de los penes demasiado grandes y de cómo inventarse una misma puede ser el único camino que te lleve a ser quien eres.

“Oír a las mujeres cantando canciones sobre ellas mismas, y no a los hombres cantando sobre mujeres, hace que de repente todo parezca maravillosamente claro, y posible”

La historia que cuenta es la Johanna Morrigan, una adolescente de clase obrera y familia muy pobre,  con un padre que quiere ser una estrella musical, demasiados hermanos y ganas de dejar de ser ella misma. Johanna se convertirá en Dolly Wilde, una crítica musical deseosa de perder su virginidad y ser algo más que una adolescente sin futuro.

No sé cómo habrán leído “Cómo se hace una chica” las personas que siempre han sabido cuál era su sitio, pero yo (que he andado muy perdida) lo he leído a carcajadas llenas de ansiedad. Me han flipado las metáforas que utiliza. No es tanto la historia lo que me ha atrapado en este libro, sino la poca vergüenza de Johanna en mostrarnos de dónde surgen sus acciones: de ese absoluto terror a meter la pata y a seguir siendo pobre.

“Por fin me veía aparecer en el mundo. Follaba y publicaba artículos. Me iba componiendo poco a poco, como una imagen vista con un telescopio”

Hacía mucho que no me pasaba media noche despierta hasta acabar un libro. Leyendo con hambre, saltándome párrafos sin masticar, meando con el libro en la mano. Estaba sedienta de novela y se ha juntado con las ganas de beber algo sin complejos, sin filtros. Puede que no sea un libro de alta cocina, pero es la mejor pizza para la resaca que he leído nunca.

“Me siento maravillosamente libre. Anoche iban a pasarme cosas que no me gustaban y lo evité. Hasta ahora, nunca había evitado mi propia desgracia. Nunca me había plantado en el camino que iba a condicionarme a la desgracia y me había dicho (con cariño, como lo diría una madre): << ¡No! ¡Esta infelicidad no te corresponde! ¡Da media vuelta y toma otro camino! >>”

Y sí, lo he acabado llorando, sin un motivo concreto y sin una emoción definida. Sintiéndome como cualquier chica de 17 años. Deseando poner Garbage en bucle y no parar hasta dormirme sobre una almohada húmeda.

Publicado en Feminismo

Sufragio universal y selección femenina

El lenguaje tiene muchas trampas, ya que es reflejo de la sociedad y cultura en las que vivimos y, además, afecta de manera importante a la configuración de nuestro pensamiento. Cómo nombramos las cosas nos lleva a entenderlas de una u otra manera. El otro día (sí, voy tarde a todo, pero aquí estoy) caí en la cuenta de que el sufragio universal nunca ha sido universal y que las selecciones deportivas son o “las importantes” o las femeninas nunca masculinas. Ahí entendí por fin a Simone de Beauvoir cuando explica que la mujer siempre ha sido “el otro”, nunca sujeto principal.

alteridad Simone de BeauvoirSufragio no universal y sufragio femenino

Desde que empecé a estudiar historia en el colegio he oído hablar del sufragio universal. En una sociedad aparentemente democrática el sufragio universal se ha vendido en todos los libros de texto como un triunfo. Y lo hubiera sido, si hubiera sido universal. Sin embargo, se llama sufragio universal al sufragio masculino. Nada nuevo, realmente, desde que sabemos lo masculino se ha definido como lo universal. Nosotras, las mujeres, somos lo otro, lo accesorio, la guinda del pastel, pero nunca formamos parte del todo, de lo principal ni siquiera del universo, parece.

sufragio universalMe he dado una vuelta por la Wikipedia para comparar los años en los que se logró el sufragio masculino y el sufragio femenino, para ver si en alguno se consiguió realmente el sufragio universal a la vez. Y sí, en Uruguay se implantó el sufragio universal real en 1917. En Nueva Jersey también, pero fue un error, ya que se usó la palabra “personas” en lugar de hombres.

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Por “suerte” el error fue reparado y el sufragio femenino se abolió en 1807. Ya veis, cosas del lenguaje inclusivo, se ve que sirve para algo.

En otros lugares se instauró el sufragio femenino y masculino, pero no se permitía votar a personas de según qué razas (iba a escribir “otras razas” pero ¿cuál es la otra raza? ¿la que no es la mía?). Aún así se siguió llamando sufragio universal al hecho de que los hombres de razas y clases privilegiadas pudieran votar. Por que así es como pensamos, que los hombres son las figuras principales en la sociedad y el resto, somos “lo otro”, lo femenino y así debemos ser nombradas.

Selección y selección femenina

Ya nos cuesta ser nombradas en esferas que “no nos corresponden” históricamente (no hablemos ya de ser premiadas) pero es que, además, cuando se nos nombra se añade siempre una alusión a nuestro género. Así, si gana la selección masculina de fútbol, las portadas de todos los periódicos (incluidos los no deportivos) muestran en grandes letras el triunfo de LA SELECCIÓN. Sin embargo, si gana la selección femenina, además de imágenes de culos, opioniones sobre el físico de las deportistas y otros añadidos, podemos ver en algún periódico deportivo algún titular sobre el éxito de la selección FEMENINA. Que quede claro que es “la otra” selección, no la principal, que nosotras vamos después. No hay confusión, LA SELECCIÓN es la importante, no hace falta especificar que es masculina, se da por hecho.

¿Qué hacemos con el lenguaje?

¿Se ve a dónde quiero llegar? Cómo el lenguaje va en dos direcciones, nos ayuda a analizar cómo una sociedad entiende el mundo, pero también enseña a esa sociedad a entender al mundo. Recuerda cuando eras más pequeña, recuérdate en clase de historia estudiando el sufragio universal, imaginando ese triunfo, imaginando personas acudiendo a las urnas, ¿en qué piensas? Puede que si eres mujer pienses también en alguna mujer votando, seguramente si eres hombre te imaginarás más hombres. Ahora, varios temas más adelante, se habla del sufragio femenino. ¿Qué te queda en la mente? Que tú tienes que luchar sola por lo tuyo, que todo lo que otros consiguen a ti te va a llegar más tarde, que tienes que esperar, que eres la otra parte, el otro sexo, el segundo, el que se configura en función del uno.
Y llegas a casa y ves el periódico, LA SELECCIÓN vuelve a ganar o perder, esos héroes patrios, ellos, vitoreados. No son nombrados en función de su sexo. No son la selección masculina, son la importante, y si tú te apuntas a algún deporte, te apuntas a la parte femenina, la que cobra menos (si cobra), la que si gana no tiene derecho a celebrarlo como ellos, la que te desmoraliza y te hace entrenar menos y estudiar más, la que tiene entrenadores masculinos porque son “los que saben”. Y claro, así cuesta más y quizá tengan razón, quizá el deporte no sea cosa de mujeres, sino podrías ganarles aunque los medios de los que dispones son inferiores.

Athletic Club de Bilbao
Athletic Club de Bilbao, festejando la liga. /Foto oficial del Club

Y así, escuchando cómo utilizamos el lenguaje podemos entender por qué sigue habiendo desigualdad, discriminación, acoso y asesinatos machistas. Y quizá también, empezar a usar el lenguaje de una manera más inclusiva, nos ayude (junto a muchísimas más medidas) a lograr la igualdad real. Algo tan sencillo como decir “equipo masculino de baloncesto” la próxima vez que mencionemos el partido o “sufragio masculino” en los libros de texto nos ayudará a visibilizar las diferencias que existieron y existen.

 

Si no habéis pinchado en este enlace arriba, hacedlo ahora: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article832