Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

Gatombres

Artículo publicado en el Número 66 "Especial MAIU" de Revista El Mono

Y aquí tocaría hablar, por supuesto, del mito de la solterona frente al del soltero de oro. De lo negativa que es considerada la soltería en una mujer y lo positiva en un hombre. Pero creo que ya se ha escrito demasiado sobre ello, sabemos ya que las mujeres heteras no casadas (viudas, solteras o divorciadas) alargan su esperanza de vida, mientras que en el caso de los hombres heteros lo hacen los casados o en pareja. (Aún no hay estudios en el caso de parejas homosexuales, estoy deseandito que investiguen)

¡Ay!, que emparejarse con un hombre siendo mujer es un factor de riesgo. Algo que no ocurre con los gatos. Que también estresan, ¿eh? Por ejemplo, al igual que muchos (#notall) hombres, se mean fuera y dejan el lavabo lleno de pelos. Y luego no lo limpian. Por lo menos no dicen eso de “es que no me lo has pedido” o “tengo prisa, tengo una reunión”, no limpian, pero tampoco se te ríen a la cara.

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Viñeta del cómic de Emma Clit. Traducido por eldiario.es

Los gatos son bastante independientes y pueden vivir perfectamente sin tu ayuda, pero es más cómodo si les das de comer, les das amor y les riñes cuando entran en algún tipo de conducta autodestructiva. Vamos, como si te toca un novio un pelín yonki, que para salir y currar se apaña solito pero para superar crisis existenciales resulta que no. Pues los gatos igual, a su bola todo el día y luego a la noche, ahí, con el ronroneo. Que por lo visto no saben ronronearse solitos. Pero les perdonamos porque en invierno te dan mucho calorcico, también un poco como nuestros amantes, que según una amiga los mejores son “calentitos y suaves” y es que Mordor, es Mordor, y follar no sé, pero ganas de calorcico, muchas.

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Se suele acusar a los gatos (y gatas, que hoy me estoy pasando todo lo inclusivo por el lomo) de ser muy interesados. Yo he comprobado que no, que me quieren igual aunque se me olvide darles comida. No como algunos (#notall) tíos, que si no les contestas en 2 minutos en el Tinder te riñen (por que ligar presionando siempre ha funcionado, ¿no?).

Lo que no hacen los gatos es mentir. No te dicen “es que paso una mala época” cuando lo que quieren decir es “mira, paso”. No, las gatas (y los (#notall) gatos) te miran a lo lejos con indiferencia, te dan la espalda y se largan a su rincón del sofá, el que un día fue tuyo. Y si quieren algo lo piden, no se hacen ni los mártires, ni los ofendidos, ni los “lobos solitarios”. Maúllan, y rascan, y golpean, y maúllan otra vez. Que aquí adivinas no somos nadie.

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Por suerte también hay muchas personas y hombres agatados, de esas que respetan espacio sin dejar de frotarse contigo, que te observan de lejos hasta que saben cuando acercarse y que te ronronean hasta que te duermes en tus días de resaca. Pero suelen ser un poco callejeras y no siempre les gusta quedarse mucho rato en un mismo sitio. No importa, yo ya tengo tres gatos y se me va la pasta en comida como si tuviera un marido.

Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

Pobres mujeres

Artículo publicado en el Número 65 "Especial Pobreza" de Revista El Mono

Hay más mujeres pobres que hombres. ¡Sorpresa! No os esperabais que a las mujeres nos tocara algo chungo en el reparto de cosas como derechos, dinero o chocolatinas. Nosotras, privilegiadas de la humanidad, hemos encontrado una falla en nuestra felicidad, somos más pobres. Bueno, en realidad lo encontraron en los años setenta, que entonces como no había Netflix, ni memes, ni estábamos tan obligadas a tener una vida sexual superactiva para ser guays, pues se estudiaban cosas y se hacían preguntas. Pues eso, en los setenta se dieron cuenta de esto y lo llamaron “feminización de la pobreza”. Que no es ponerle purpurina y pintar coños en una chabola, sino que en proporción (de cantidad y diferencia) las mujeres somos más pobres mires donde mires.

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Si no te apetece rayarte mucho y te quedas en el primer mundo, pues esta eso de que te cobren más por una cuchilla de afeitar de color rosa que por ese pack de 20 de azul oscuro con el que tiras un año entero. Y está lo de la brecha salarial, el techo de cristal y todo eso que una precaria como yo se plantea como muy lejos. Yo es que ahí me imagino a tías como la Merkel o la Botín, que aún no se han leído ni el “Todos deberíamos ser feministas” (¡vaya traducción de título todo feminista ahí!) de Chimamanda Ngozi, con un martillico de estos de los trenes picando cristal y diciendo: “si quieres, puedes”. ¡JA!

Luego te puedes venir por aquí, que ni primer ni segundo mundo ni décimo mundo, estamos un poco ahí, en tierra de nadie entre la sangría y que si cambiamos el horario de invierno. Pues si te vienes aquí y eres tía y te apetece, no sé, tener familia, de esa con personas que envejecen y que nacen, pues ya la has liado. Seguramente te cojas curros de media jornada o de esos en los que los complementos no existen o una excedencia para cuidar. Ya lo de estudiar o montar negocios es para ellos. Eso de estar todo el día con el culo en la silla es de machos. Tú a mover pesos muertos después de currar, delicada princesita.

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Y no quería irme yo tan lejos, que soy vaga y dudo de que usara hasta el teletransporte, pero como nos vayamos al tercer mundo (mira, yo ya lo que quiero es irme a otro universo, ¿alguien me pasa DMT de esa?) pues ya ¿pa’qué? Que si las mujeres ni currar pueden, que para estudiar lo mismo necesitas un salvoconducto y ponerte pantalones y dejar de depilarte el bigote (ojalá pudiéramos hacer eso y que no nos dijeran que somos tíos, pero eso otro día). ¡Ojo!, que hay países donde abortar está prohibido. Bueno, que aborten las tías. Los tíos con largarse ya lo han hecho, y ni consecuencias físicas, ni legales, ni morales, ni ná. Y eso que la vasectomía sí que es legal, libre y gratuita. Pues ná, ellos embarazan, se largan y luego ella ya se quita de comer y de ahorrar porque VIVA LA VIDA, VIVA VICTORIA, AFRODITA.

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Brecha salarial

En el máster de Formación de Agentes de Igualdad de la UNED  nos tocó analizar la brecha salarial respondiendo a preguntas como: ¿cuáles son los ámbitos laborales donde se aprecia más la brecha salarial en España? y ¿cuáles pueden ser los factores explicativos del paulatino incremento de la brecha salarial en España? Así como los resultados de la primera pregunta apenas me sorprendieron, la segunda pregunta me sorprendió en sí misma ¿tanta igualdad, tantos avances como nos hacen creer y la brecha salarial sigue aumentando? La respuesta no fue sencilla pero sí lógica: la brecha salarial no solo se basa en el salario en un puesto de iguales características.

Puedes leer el artículo completo en mi web: http://www.nereaaguadoalonso.com/brecha_salarial_no_solo_sueldo/

Publicado en Feminismo, Recomiendo libros

Ya sólo quiero leer a mujeres

Hace ya casi tres años que sólo leo libros escritos por mujeres. El primer año os lo conté en este artículo, donde estaba sorprendida de lo fácil que me estaba resultando. Año y medio después de escribirlo, soy mucho más consciente de lo que me ha aportado y estoy mucho más enganchada a ciertas autoras.

¿Qué leía antes de leer a mujeres?

Durante mi época de educación obligatoria, apenas leí libros escritos por mujeres. Ni de ficción ni de no ficción ni poesía. Es decir, durante 15 años, el sistema educativo me vetó a muchas autoras. Podía haber recurrido a ellas por mi cuenta. Y así lo hice, ayudada por mi familia que me regalaba libros de Gioconda Belli, Carmen Martin Gaite, Isabel Allende, Rosalía de Castro, Amelie Nothomb… Pero siempre eran libros que dejar a un lado cuando las exigencias académicas me pedían leer a Jorge Manrique, Luigi Pirandello, Leopoldo Alas “Clarín”, Gabriel García Márquez, Truman Capote, etc. Si alguien me preguntaba por mi escritor favorito (por que nadie usaba el femenino en esta pregunta) mi respuestas iban de Delibes a Tolstoi pasando por Neruda.

Cuando llegué a la universidad la cosa no cambió. Claro, que estudié en una universidad donde la Biblia y las “Confesiones” de San Agustín eran pilares fundamentales en nuestra educación. Pero tampoco conocí a muchas mujeres que escribieran, ni a muchas filósofas, sociólogas, antropólogas o comunicadoras. En aquella época, además, lo que se llevaba fuera del aula era leer a Bukowsky y ver pelis de Tarantino. Si eras mujer y querías molar, lo mejor era parecerte a un hombre o por lo menos leer literatura masculina.

La calidad o el mito de “yo elijo lo que leo”

Luego me instalé en el discurso de “la calidad”. Yo no leía según el sexo, sino que leía lo que me gustaba. Era mentira. En realidad, leía lo que me encontraba en las librerías, lo que me recomendaban mis amistades, lo que anunciaban en la tele o lo que me llamaba la atención en la biblioteca. Hombres, en la mayoría de los casos. Y me gustaba, hay escritores muy buenos. Una vez incluso me leí a  Pérez-Reverte. Y además, leía escritores “de calidad”. También me llevé decepciones. “On the road” y “Madame Bovary” me hicieron sentirme estafada. El primero porque igual lo leí muy vieja, el segundo porque no tenía sentido. No conocía a ninguna mujer que pudiera sentir (o sentir tan poco) como la protagonista. Ese libro clásico no hablaba apenas de cómo vivía ella la opresión, de su deseo, de sus incoherencias internas. Era el personaje principal más plano que había conocido. No entendía aún que es muy difícil para un hombre contar el sentir de una mujer. Además, los escritores no están acostumbrados a escribir desde el punto de vista de una mujer. Apenas tiene modelos de personajes no masculinos reales, sólo los que ellos han creado. Y a eso lo llaman normalidad. Una normalidad impuesta desde la omnipresencia y el imposición masculinas.

Como explica muy bien Laura Freixas en su artículo “`Normalidad’ y género”:

“se reclama una `normalidad’ consistente en hacer como si el sexo no existiera…, mientras se mantiene un statu quo en el que quienes juzgan pertenecen muy mayoritariamente a uno de los dos sexos, y aplican criterios sexuados”.

Y cuando hablamos de juzgar la calidad nos encontramos con que la mayoría de quienes la juzgan son hombres y que ya hay estudios que demuestran que eso influye en la promoción de la literatura escrita por mujeres. Kate Mosse, fundadora del Premio de Ficción para Mujeres, lo explica así para The Guardian:

“Y luego la crítica se convierte en una disciplina. Es una disciplina masculina, y por lo tanto no me sorprende que las mujeres como escritoras pierdan sus posiciones, porque son hombres que escriben sobre escritores masculinos, y comienza  a distanciar a las mujeres. Ves esto en la hisotira y en la música, es igual, y luego, cuando la crítica comienza a ser importante, las contribuciones de las mujeres se infravaloran.”

Así que yo pensaba que leía lo que quería y resultaba que leía lo que me decían que debía leer o, en el mejor de los casos, lo que me dejaban elegir. Aún así, mi autor favorito seguía siendo un Tolstoi machista y maltratadorque sentenciaba a Ana Karenina al sufrimiento por elegir una vida contra la norma social.

¿Por qué leer sólo mujeres?

En mi caso, empecé a leer sólo a mujeres para ver qué pasaba, para experimentar algo que no me habían permitido, para conocer el sentir de mis iguales, para reconocerme en alguien. Lo hice en un momento de mi vida en el que sentía que no encajaba en los ideales de una sociedad patriarcal, en el que necesitaba referentes, sentirme igual a alguien y comprendida. Empecé a leer opiniones de mujeres, estudios de mujeres, investigaciones de mujeres y eso me llevó a sus libros. En medio se cruzó el artículo de Clara Lisy decidí imitarla. Hay quien lo ha hecho de una manera no intencionada, como Hannah-Rose Yee,y también lo ha pasado bien. Ya os conté mis conclusiones del primer año entonces, pero ahora he descubierto la necesidad de que no sólo yo lea más mujeres, sino de que todas lo hagamos y lo contemos.

Leer a mujeres nos visibiliza

No conocía yo apenas a Carmen Conde. Tenía la “Antología de “poetisas” (sic)del 27” en el que aparecía, pero me salté los prólogos y las poesías largas que a los 17 me parecían aún más largas. Leí a estas grandes poetas, me lo callé y a lo sumo mencionaba algún poema suyo tras algún desengaño. Pero con el tiempo fui contando lo que leía, interesándome por sus vidas, rebuscando en su biografía, prestando libros, escribiendo artículos, compartiendo documentales.

Cuando algo te gusta, lo cuentas, y descubres que le gusta a más gente. De una autora pasas a otra y ves que no es que no hubiera autoras, que no es que no tengan calidad, que no les faltan obras. Lo que ocurre es que se nos han ocultado, se nos han negado, y ahora nos estamos iluminando.

Leer a mujeres nos regala referentes

¿Quién no quiso ser escritora como Jo March tras leer “Mujercitas”? ¿Quién no se imaginó eligiéndose a una misma por encima del amor a otro? Te leías el libro y te sentías poderosa. Ibas a ser lo que quisieras e ibas a serlo le pesara a quien le pesara.

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Flavita Banana sabe bien lo que leer

Luego ya, llegaba “Cien años de soledad” con el sacrificio femenino a la familia, “La isla del tesoro” (quizá uno de los libros que más veces me haya leído) y su tripulación exclusivamente masculina,  “Los Siete Secretos” con ellas dedicadas a preparar emparedados y Neruda y su “cállate, que me gustas más”.

Nuestras referentes somos nosotras y por ello las novelas protagonizadas por nuestras vidas nos dan ejemplo, nos consuelan y nos abren las alas. Comprobamos que existen mujeres como nosotras o que podrían existir y nos abren los ojos a las posibilidades.

Leer a mujeres nos coloca en la historia

Leí “Jane Eyre” de Charlotte Brönteeste año. Me indigné de que no fuera una lectura obligatoria pues aún trata temas que afectan a cualquier persona y que siguen afectando a cualquier mujer: la familia, la vocación, la discriminación por sexo, el amor, el ansia de aventuras, la autoestima. Es una novela que degusté y paladeé y cuyo descubrimiento compartí con una amiga. Mi amiga me dijo que el final no le gustó, demasiado “amor romántico” http://pareceamorperonoloes.com/el-amor-romantico-y-sus-mitos/#sthash.oafudWMW.dpbsSe esperaba un final como el que elegiríamos nosotras. Pero “Jane Eyre” fue escrita a finales del siglo XIX, cuando elegir una profesión antes que a un marido era, cuando menos, polémico. Sólo que la protagonista se plantee esa posibilidad fue revolucionario en esa época. Ello nos llevó a una discusión sobre la situación de la mujeres en la época de Charlotte Brönte y del activismo a través de la literatura. De repente, estábamos indagando en la historia del feminismo inglés que nunca nadie nos contó en el instituto.

Leer a mujeres nos da voz

Caitlin Moranda este consejo:

“No leáis ningún libro escrito por hombres. Manteneos alejadas de ellos, o al menos hasta que seais mayores… Porque si hay algo que tal vez me ha hecho más feliz y más segura para escribir la verdad, y menos propensa a criticarme por mi apariencia, peso, volumen y diferencia que otras muchas, muchas mujeres, es que nunca leí libros de hombres cuando era más joven.”

Caitlin Moran, como muchas de nosotras, se reconoce en los libros que ha leído y a partir de ahí puede encontrarse, reconocerse en emociones que otras han descrito, imaginarse cómo actuar si le ocurriera lo mismo. Eso ayuda a tener una voz propia, a sentir el aliento de muchas de nosotras en la espalda, a expresarnos sabiendo que somos una más y a la vez diferentes y que nuestra historia, nuestra opinión, nuestro estilo, cuentan.

Como vuelve a explicar la escritora:

“Mi mundo, en resumen. Mi vida. Todo lo que pensaba y sentía se reflejaba en estos libros: me sentí amistosa con estas chicas imaginarias, diseminadas a través de los siglos. Me sentí como si estuviéramos todas en esto juntas. Me sentí normal. Sentí que mi vida también era una historia, algo en lo que regocijarme; para compartir sin miedo, vergüenza o tropezar para encontrar las palabras correctas. Sentí, como se debería sentir a esa edad, que yo y las chicas como yo éramos el centro del mundo y éramos importantes.”

Y ahora, ¿qué leo?

Puede que ahora en algún momento lea algún libro escrito por hombres. Ya siento que he equilibrado un poco la balanza. Sin embargo, ya no me llaman tanto esas historias. Con la poesía lo llevo un poco mejor, pero las novelas y los ensayos se me atragantan a las pocas páginas. No me siento cercana, en ocasiones el machismo se me clava en el ojo (también me puede ocurrir esto con libros escritos por mujeres, no veáis qué mal lo pasé con “La Masai Blanca”) y encima siento que podría estar leyendo algo mejor. Supongo que se me pasará, pero es cierto que mi manera de leer ha cambiado, que busco algo más que una historia que atrape. Ahora busco personalidades más verosímiles, mundos más originales, relatos que se salgan de la norma que nos lleva persiguiendo tantos siglos. Y, de momento, lo estoy encontrando en libros escritos por mujeres. Así que creo que seguiré así un poquito más.

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Carmen Conde

En el master de Formación de Agentes de Igualdad de la UNED que he comenzado este año, la primera actividad de evaluación consistía en elegir una escritora entre las 10 que proponen en el portal “Escritoras Españolas” del Instituto Cervantes y explicar por qué debe ser reivindicada social y culturalmente.

Podéis leer el artículo en mi web : http://www.nereaaguadoalonso.com/carmen-conde-academica/

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No voy a opinar de Virginie Despentes ni ná

Artículo publicado en el Número 61 "Especial Competi" de Revista El Mono

No me apetece escribir. Este mes no me apetece escribir una mierda y menos opinar. Últimamente ha aumentado el número de personas que quieren saber mi opinión de cosas. Antes no me la preguntaba nadie, así que el aumento ha llegado como una ola a mi vida y no es que sea la leche, pero es que opinar, así, de primeras es algo que cansa. O sea, primero tienes que pensar en un tema que no te va a dar beneficio inmediato. No es como pensar qué quieres comer o si echarte la siesta antes o después de la merienda, no, la gente te pide tu opinión sobre lo que opina otra persona o sobre la solución al cambio climático (hoy voy a intentar no meterme con el patriarcado, que luego la gente me pide opinión de cosas que ¡creen! tienen que ver con el feminismo). El cambio climático. ¿En serio te crees que si yo te digo mi opinión sobre eso, tú me llevas la contraria, nos pegamos 20 minutos debatiendo en lugar de comiendo patatas fritas y luego nos enfurruñamos los países van a cumplir protocolos, multar multinacionales y dejar de contaminar el agua? Claro, y esas patatas fritas no engordan.

Es que además esta gente viene ya con una idea en mente, se ha leído algo no sé dónde y quiere que se note, entonces van a volver a esa cosa todo el rato. Que Virginie Despentes dice que que te violen no es para tanto, y si lo dice ella que vende tantos libros… (ups! Ya he patinado. Bueno, tampoco tiene Despentes tanto que ver con el feminismo) Pues si a ti te importa la opinión de Despentes, no me preguntes la mía, que ni vendo libros ni estoy de acuerdo. Y entonces te preguntan que por qué. Quieren argumentos. Hacerme pensar. ¡Gratis! ¿Sabéis que hay a gente que le pagan por pensar y por difundir lo que piensan? Pues a mí no. Ni siquiera en patatas fritas. Pues eso. No tengo argumentos. Y si los tuviera, los cobraría. Así que igual que te has leído “La Teoría King Kong” te lees “Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección” de Ana de Miguel, por ejemplo, y ahí piensas tú en tu casita, gratis, sin interrumpir la pereza de nadie y a mí me dejas comer patatas fritas.
Y si lo que quieres es un motivo para contar tu opinión extensamente, ven, te presento a mis amigos WordPress y Blogspot. ¡Ah!, ¿que lo que quieres es desahogar tu descontento vital y tu falta de amor propio?, ¡pues será por redes sociales! ¿Que no es nada de eso? ¿Qué quieres intercambiar conocimiento verbalmente? ¿Sabes que existen audiolibros y Siri? ¿Que realmente te importa mi opinión? Pues en mi opinión las patatas fritas son la mejor comida del mundo, pero sólo si son caseras, están un poco blanditas pero no mucho, tostadicas pero no quemadas y las hacen mi madre o mi hermana.

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Estás son las patatas fritas de mi madre