Publicado en El Mono Revista Cultural, veganismo

Tu vecina se ha comido a sus gatos

Artículo publicado en Nº 51 Especial Carne de Revista El Mono

 

Comerte a tus mascotas. ¿Lo has pensado alguna vez? Ahora mismo yo sería a los únicos animales que me comería (descartando mosquitos suicidados en mi cerveza). Si murieran antes que yo y no estuvieran muy podridos, me gustaría lavarlos, peinarlos, abrirlos, y empezar a degustar un sushi de gato. Sentir que esa dulce mirada pasa a formar parte de mis células, que su ronroneo no morirá en un trozo de tierra cualquiera cerca de Lagunak, que sus uñas aún arañan… Bueno, lo de las uñas no. Pero me parece bonito. Romántico, diría. Y práctico.

Hay un montón de personas que torturan durante determinado tiempo a animales desconocidos (bueno, pagan para que torturen), que no saben de qué se alimentan ni qué enfermedades tienen, luego los asesinan (a no ser que cacen, pagan para que asesinen), lo compran días después en un lugar sin preguntar por las condiciones de conservación y, ¡ala, a la sartén! Bien, pues esas personas cuando yo les digo que me llevaría a la boca un trozo de un animal que conozco, que le he visto cagar, que le he visto comer, que le he visto beber de mi agua y que le huelo el aliento cada día, resulta que estoy loca.

Normalmente ahí ya me callo. No les cuento que me comería tranquilamente a mis seres más queridos (entre los que hace tiempo que se encuentra toda la redacción de El Mono, ¡no veáis qué apetecibles!). Haría todo un ritual, con su música favorita, un acompañamiento de patatas, vino tinto marroquí, una tarta para el postre, incienso para aparentar… y aprovecharía todo lo aprovechable, que esa persona fuera ya parte de mis células. Incluso, si tiene huesos bonitos, parte de mi decoración. En serio, decidme que no es romántico.

Hay una secta en la India, los Aghori Sadhu, que comen cadáveres pescados en el Ganges y creen que eso les purifica. Estoy investigando si hay mujeres y su situación en la secta para planteármelo muy seriamente.

monks2

Y que conste para acta, si yo muero, comedme, pienso repetiros hasta el fin de los días. Seré vuestro eructergeist.

Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

Fuck humans

Artículo publicado en Nº 53 Especial Fe de Revista El Mono

Tengo fe. Tengo mucha fe en el exterminio progresivo de la humanidad. Fe entendida como “la mierda de especie humana no va a hacerlo nunca pero si cierro los ojos y lo pienso muy fuerte ocurrirá”. Vamos, la misma fe que tengo en que la especie humana deje de matarse, esclavizarse, comprarse bebés, torturarse y destrozarlo todo. O la que tengo en poder vivir con 10 gatos sin que mi casa huela mal.

No os creáis que soy cruel ni nada así, fijaros en la palabra “progresivo”, ahí está la clave de mi plan para acabar con la humanidad. Se trata de que dejemos de reproducirnos. Venga, peña, para todas las personas que os escuece tanto no volcar vuestros traumas y frustraciones en seres recién nacidos, tenéis millones de ellos en orfanatos, calles y fábricas de Inditex. Podéis elegir, no hace falta que compréis. Y una vez os muráis, qué más os da que la humanidad no siga reproduciéndose.

no compres adopta

En serio, ¿qué necesidad tienes de que el mundo siga girando una vez has desaparecido del planeta? Yo prefiero desaparecer junto a toda esta mierda de especie y que especies venideras coleccionen cromos con nuestros distintos tipos de peinado como hacía yo con los dinosaurios. Eso sí es ser inmortal, tener un álbum de cromos.

22149176

Sé que el plan va a llevar un tiempo, somos unos 7 mil millones de idiotas que no nos ponemos de acuerdo en nada, pero tengo fe en que un día el sentido común imperará y a la gente se le irán las ganas de crear vidas por que sí cuando no son capaces de cuidar las que ya existen.

O eso, o puedo rezar fuerte a Scully y a Mulder para que vengan unas extraterrestres que nos consideren inferiores y nos esterilicen por que, “pobres, si siguen viviendo así van a acabar atropelladas por nuestras naves espaciales, mejor nos las quedamos de mascotas para que no molesten”.

Así, que por favor, empiecen con las vasectomías, nosotras con tanta píldora y diu que llevamos puestos para que a los tíos no les aparezcan efectos secundarios creo que ya vamos bien de infertilidad. Gracias por nada. Fuck humans.

Publicado en El Mono Revista Cultural

¡Qué pava eres!

Artículo publicado en Nº 52 Especial “Edad del Pavo” de Revista El Mono

Ay, la adolescencia. ¡Qué pavas somos!

No. Claro que no. Ser adolescente es sentir, lo que pasa que te machacan tanto con que expresar todo eso que sientes es inadecuado que al final se queda todo en un querer sentir y fingir que es de coña.

La emoción. Una adolescente está emocionada con ver a su cantante favorita y lo grita. ¡Joder! ¿A qué vas a un concierto si no es a gritar, fliparte y echar un par de lágrimas? Para quedarte como una sota te pones el disco para cocinar, ¿no?

El amor. Una adolescente se enamora y cree que va a ser para toda la vida y no puede esperar a llegar al portal para comerse a besos al tío en cuestión. Y bien que hace, porque luego los besicos escasean, que en cuanto aprendes a follar todo es ir al lío, como mucho un abracico de colegas y venga, a fingir que no ha pasado nada, que nada se ha revuelto, que no te has acordado de tu ex o que no has flipado en esa mirada que te ha hecho olvidarte de tu jefa. Finjamos, gente adulta, que para llorar, reír, pillarse comas etílicos, montar bronca, hacer borota o correr con la bici por Carlos III ya están las quinceañeras.

La mala ostia. Cómo no van a tener mala ostia a esa edad. Cuando eres una cría te dicen que todo es para cuando seas mayor, pero cuanto mayor eres, más te limitan. Ey, y lo hacen “dabuti”, que cuando eres adolescente te dicen que vuelvas a casa a las 12 y montas el pollo, pero 10 añicos más tarde te dicen que metas horas extra en el curro y, ahí, con la sonrisa poniendo el culo.

Y la amistad. ¡Ay! Pactos de sangre, escupitajos y mirarse a los ojos. Que esa te mira mal, pues yo la miro peor. ¡Tía, no te rayes, toma otro chupito!

Yo, de verdad verdadera, quiero ser adolescente para siempre y por eso escribo poesía y poemas, que eso es lo que se hace a esa edad. Y no artículos de opinión de mierda para fingir que todo esta mal y que la vida es asquerosa y que qué de vuelta estamos, ¿eh?

Yo quiero un novio
con una moto de monte
el pelo cortito
su risa de mote.
Yo quiero un novio
que bese de noche
vacile de día
me llame “mi niña”
me tenga en el bote.
Yo quiero un novio
de diecisiete.

Publicado en El Mono Revista Cultural, Emociones

Odiar sabe rico

Artículo publicado en Nº 50 Especial Odio de Revista El Mono

Odiar, odiar… odio según me da. Normalmente cuando me pongo a odiar me meto hasta el fondo, vale ya de cosas a medias. Últimamente odio mucho ese rollo de tener que estar feliz siempre, la mierda esa de la ley de la atracción y del “tú piensa mucho en lo que quieres que llega”. Pues no. El otro día yo deseaba mucho que me lo comieran bien comido, hasta movía la pelvis a lo Elvis para que las señales fueran correctas. Pues no. Dos lamidas y ¡ala, bonita! tú ejercítate el tríceps y la mandíbula a saco chupándola que yo me canso de sacar la lengua a pasear (ya os dije en el número anterior que estoy enfadada con el porno).

Pues eso, que no por mucho madrugar patada en los cojones ni por desear mucho algo te va a caer del cielo. Que sí, que te enfocas en lo bonito y todo es maravilloso entonces. Pero ya te estás olvidando de algo: la lírica del odio. Esa mirada de asco que lanzas cuando ves al gilipollas de turno en el bar al que vas siempre. Esas cañas con colegas poniendo a parir al profe que os amargó el último mes de instituto. Ese cotillear un instagram mientras ríes feroz ante el declive de tu alma enemiga. Esa creatividad que desarrollas en maquinar venganzas y desgracias.

Odiar sale de dentro, y no es como la bilis esa del 15 de julio que te amarga la siguiente quincena. No, es un saborcico como a eructar tras beberte la caña de trago. Amargo, gaseoso, pero liberador.

A mí no me comparéis poner a parir a quien odias con la frasecita de “el karma le pondrá en su sitio”. No duermes igual. Y que yo no quiero que le ponga el karma en su sitio, quiero hacerlo yo, con mirada por encima del hombro, sin mover un dedo, sólo mirando su caída, con la elegancia de una gata. Y luego sonreír y largarme. Ahí sí veo yo felicidad. Y cañas. Y una buena juerga. Y luego que venga el karma o dios o quien sea y me odie a mí. Qué queréis que os diga, amigas, a mí que me odien me pone mucho. El odio genera energía. Odiemos. Venguémonos. Insultemos. Y echemos buenos polvodios, que del odio a una follada con ganas van dos tiros bien echados en un baño.

Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

Pornoclítoris

Artículo publicada en el número 49 de El Mono Revista para el WC

Tres semanas dudando. ¿Clítoris? ¿Porno? ¿Clítoris? ¿Porno? No había solución más fácil que hablaros del clítoris en el porno. Os cuento. Yo soy consumidora habitual de porno. Y digo consumidora porque es un producto tan adulterado como el café, el azúcar que no es moreno, que es pintado o cualquier droga que os parezca. Pero a lo que vamos. El clítoris. El clítoris en el porno. Ese gran maltratado. Por que seamos serias, ¿a quién le gusta que le saquen brillo al botón así como si tuviera roña desde hace tres años? A mala saña. Y luego, parece que el clítoris es un preliminar, un ratico de estimulación para que nos mojemos lo suficiente para el verdadero objetivo del porno: el placer masculino.

No, niños, no. Nuestro clítoris no está ahí para facilitaros la corrida. Está para NUESTRA CORRIDA. Y no tiene más función que esa. No hace falta que nos folléis, no hace falta que os corráis, no hace falta que aguantéis. Nos la empieza a sudar bastante, por más que el porno tradicional nos haga y os haga creer que todo gira alrededor de vuestra polla.

clitoris-ilustracion-cieTenemos el único órgano diseñado únicamente para nuestro placer, pero en el porno parece que es sólo el botón de encendido. Y que sólo la puntita cuenta. Pues no. Lo de “sólo la puntita” también nos jode a nosotras. Por que el clitorís es así, como esta fotico que os ponemos. Y se puede estimular por los lados y por dentro de la vagina. De hecho, quienes tienen orgasmos vaginales en realidad tienen orgasmos normales (que son los clitorianos) sólo que el clítoris se está estimulando a través de la vagina. Como vuestra próstata cuando os dejáis de chorradas y nos dejáis meteros el dedete por el culo.

La cosa, que en el porno normal no vais a aprender a darnos gustico. Que el porno sirve en el mejor caso para pajearse y en el peor para que sigamos pensando que hacernos daño a nosotras es algo erótico y sexy. Os recomiendo mucho más que veáis el porno que hace Erika Lust (oh, diosa! ) o los vídeos de OMG Yes!  Un proyecto en el que las mujeres se masturban y te explican sus trucos y cómo se estimulan cada rinconcito.

Por si vuestro explorador no sabe salir de YouPorn, un par de truquis guapis: lengua, lengua y lengua; jugad con las presiones y los ritmos; y nos os limitéis al botoncito, buscad el vasto recorrido a través de los laterales que tiene.

Publicado en El Mono Revista Cultural, Feminismo

Pagafantas

No hay nada que me parezca mayor expresión del machismo que el mal llamado “pagafantismo”. Antecesor de los puteros, el pagafantas me da mucho asco. A ver, chico hetero, blanco y de clase media, ¿cómo llamarías tú a un colega que te hace la rosca para que le dejes tu tarjeta de Osasuna finde sí y finde también y que si no se la dejas se enfada y te echa en cara todo el tiempo que te ha hecho la pelota? En mi pueblo se le llama “aprovechau” o “interesau”. En el tuyo que igual es euskaldun seguro que tiene un nombre más poético.

Bien, pues lo que vosotros llamáis “pagafantas” no es más que un tío que va de colega, dora la píldora, invita a fantas y que sólo busca una cosa: que la tía tenga sexo con él.

No es un tío majo que al pasar tiempo contigo se ha enamorado y tú eres una desagradecida maleducada que no valora su devoción como lo que él supone que es, el máximo fin al que una mujer aspira en la vida. NO. Es un tío que como de normal no liga por su cara no tan bonita, ni tiene unos valores y una labia para mostrarlos que hacen que mojes las bragas, usa su técnica de ir de bueno, víctima y felpudo humano para ver si así consigue lo que quiere. Sin importarle una mierda lo que tú quieras. Y encima, si tú te pillas por un tío que te pone, o por un tío que es capaz de debatir contigo sin darte la razón en todo o por un tío que acepta que le invites a un concierto, resulta que eres una desagradecida, una mala mujer, por no caer en sus redes de víctima y carica de cordero degollado.

Y sí, en eso se parecen un pagafantas y un putero, lo que tú quieres da igual. Absolutamente igual. Su necesidad de sexo está por encima de tu libre elección. Ellos pagan (con dinero o fantas) y tú obedeces. El dinero y el cliente siempre tienen la razón. Has pensado que tu amigo era un buen tío y ahora tienes que pagar con la maldición de tía calientapollas, desagradecida y, si te defiendes, feminazi. Hasta los ovarios nos tenéis, aprovechaus de mierda. Así que antes de llamar a un colega “pagafantas” o “calzonazos”, piénsate bien qué saca él de arrastrarse como Peter Pettigrew tras Voldemort y quien te da más asco realmente.

 

Artículo publicado en El Mono Revista para el WC, número 48, sección “Pregúntale a Sindi”