Publicado en El Mono Revista Cultural, Te cuento mi vida

Protegido: Follar en baños (Parte II)

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Anuncios
Publicado en Feminismo

La brecha salarial: no solo cuenta el salario

“¡Ninguna de mis compañeras cobra menos que yo!” es una frase habitual de mis amigos hombres cuando sale el tema. Y si cogemos las nóminas y miramos el sueldo base, estarán en lo cierto. La Constitución recoge el derecho a la igualdad salarial y a la no discriminación retributiva entre mujeres y hombres en su artículo 35 CE, en la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo (artículo 5), y en el Estatuto de los Trabajadores (sic) . Sin embargo, las mujeres seguimos cobrando de media un 22,9% que los hombres.

En el máster de Formación de Agentes de Igualdad de la UNED que he comenzado este año, nos ha tocado analizar la brecha salarial respondiendo a preguntas como: ¿cuáles son los ámbitos laborales donde se aprecia más la brecha salarial en España? y ¿cuáles pueden ser los factores explicativos del paulatino incremento de la brecha salarial en España? Así como los resultados de la primera pregunta apenas me sorprendieron, la segunda pregunta me sorprendió en sí misma ¿tanta igualdad, tantos avances como nos hacen creer y la brecha salarial sigue aumentando? La respuesta no fue sencilla pero sí lógica: la brecha salarial no solo se basa en el salario en un puesto de iguales características.

Los trabajos para los que más nos contratan, los peor pagados

La brecha salarial varía según el tamaño de la empresa, el tipo de contrato, el convenio… Hay ámbitos laborales donde se aprecia mucho más, como son:

  • Actividades Administrativas y de Servicios Auxiliares: con una brecha del 33,99%
  • Otros Servicios: donde la brecha es del 33,73%.
  • Actividades Inmobiliarias: donde las mujeres cobran un 32,73% menos que los hombres.
  • Actividades Profesionales, Científicas y Técnicas: con un 30,41 de brecha salarial.
  • Comercio: sector con una brecha salarial del 28,04%.
  • Actividades Sanitarias y de Servicios Sociales: donde la brecha es de un 27,23%.
brecha salarial por sectores
Fuente: Departamento Mujer UGT

En los sectores de Actividades Administrativas, Servicios y Actividades Profesionales, Científicas y Técnicas, la presencia de mujeres es mayor que la de hombres, por encima del 55% y en el sector de Actividades Sanitarias y de Servicios Sociales un 78,68% de contrataciones son de mujeres. ¿Qué nos dicen estos porcentajes? Que aquellos trabajos desempeñados mayoritariamente por mujeres o donde más se nos contrata están peor pagados. Nos hablan de una infravaloración del trabajo de las mujeres, mostrando elevadas brechas salariales en ocupaciones altamente feminizadas. Llegamos así a la segregación vertical, o sea, las dificultades de poder desarrollarse profesionalmente.  Esta infravaloración de los trabajos desempeñados por mujeres, nos lleva a concentrarnos en ocupaciones peor remuneradas y de menor reconocimiento social. A ello se añade que dichos trabajos poco remunerados se encuentran en las categorías más bajas de las escalas salariales y que se nos contrata más en trabajos temporales y a tiempo parcial, todo lo cual impedirá una promoción laboral y su consecuente mejora salarial.

¿Por qué ha aumentado la brecha salarial?

Según una investigación realizada por la Hacienda Estatal, las mujeres en España cobramos un 30% menos que los hombres, casi medio punto porcentual más de diferencia que hace una año. La brecha salarial ha ido en aumento desde 2010, creció con la crisis y se instaló en nuestra sociedad. Esta desigualdad se explica por motivos como la contratación a tiempo parcial y la temporalidad, el sistema de retribuciones, la asunción de responsabilidades familiares o la brecha en las pensiones.

Contratación a tiempo parcial y la temporalidad,

En 2017, el 75% de las jornadas a tiempo parcial en España fueron de mujeres. Esto significa menos ingresos y menor protección social (lo que se traducirá en la brecha de las pensiones). Los motivos para no trabajar a jornada completa son en un 62% de los casos porque no encuentran empleo a jornada completa y el 13,5% porque tiene a otras personas a su cuidado. Además, un 22,6% de las mujeres ha reducido su jornada laboral para cuidar debido a la maternidad, frente al 3,44% de los varones.
Los contratos temporales aumentan la precariedad, se cobra y se cotiza menos. En este caso, las mujeres volvemos a estar en desventaja: sólo el 37% de los nuevos contratos indefinidos de 2017 fueron firmados por mujeres.

temporalidad y mercado laboral

El sistema de retribuciones

Como ya hemos comentado, pagar menos por el mismo trabajo es ilegal. Es difícil encontrar una empresa que pague sueldos diferentes a su plantilla en función del sexo.  Sin embargo, hay complemento salariales y horas extra que sí discriminan por sexo. Por ejemplo, el de peligrosidad, que se suele pagar por el manejo de maquinaria pero no por el uso de productos químicos que pueden darse en sectores feminizados como la limpieza o la sanidad.

La asunción de responsabilidades familiares

El 97,96% de los permisos de maternidad son disfrutados únicamente por la madre y solo un 2,04% de los padres lo comparten. Las excedencias (no retribuidas) por cuidado familiar son casi exclusivamente para las mujeres. Si se tratan de excedencias por cuidados de otras personas dependientes, la presencia de mujeres sigue siendo mayoritaria: un 84,58%. ¿En qué se traduce esto? En menores ingresos, más desempleo y menor cotización.

La brecha en las pensiones

Las mujeres jubiladas con una pensión inferior a los 650€ duplican a los hombres. Hay dos veces más de mujeres pensionistas pobres que hombres y esto se debe a lo comentado anteriormente: cobran por menos horas, con menores sueldos y peores contratos, lo que se traduce en su cotización final de cara a la jubilación.

brecha pensiones
Fuente: Departamento Mujer UGT

 

Todo ello es consecuencia de las políticas de recortes en el gasto público, especialmente en los ámbitos de educación, sanidad y servicios sociales por dos motivos: las mujeres representamos el 70% de la mano de obra de dicho sector y con la crisis se volvió a los roles de género tradicionales en los que nos compele a las mujeres a abandonar el trabajo asalariado y pagado por el trabajo de cuidados no pagado.

 

FUENTES:

Publicado en Poesía

Llévame a la cama

Destápame
y hazme cosquillas
ahuyenta las arañas
que comienzan a tejer
las penélopes que ocultarán
la pena de Medea.

Devuélveme a mí.

Cierra la caja
sella la cueva
oblígame a enfrentar
la intemperie
y cuida los sueños
que corren a despertarse.

Publicado en Feminismo, Recomiendo libros

Ya sólo quiero leer a mujeres

Hace ya casi tres años que sólo leo libros escritos por mujeres. El primer año os lo conté en este artículo, donde estaba sorprendida de lo fácil que me estaba resultando. Año y medio después de escribirlo, soy mucho más consciente de lo que me ha aportado y estoy mucho más enganchada a ciertas autoras.

¿Qué leía antes de leer a mujeres?

Durante mi época de educación obligatoria, apenas leí libros escritos por mujeres. Ni de ficción ni de no ficción ni poesía. Es decir, durante 15 años, el sistema educativo me vetó a muchas autoras. Podía haber recurrido a ellas por mi cuenta. Y así lo hice, ayudada por mi familia que me regalaba libros de Gioconda Belli, Carmen Martin Gaite, Isabel Allende, Rosalía de Castro, Amelie Nothomb… Pero siempre eran libros que dejar a un lado cuando las exigencias académicas me pedían leer a Jorge Manrique, Luigi Pirandello, Leopoldo Alas “Clarín”, Gabriel García Márquez, Truman Capote, etc. Si alguien me preguntaba por mi escritor favorito (por que nadie usaba el femenino en esta pregunta) mi respuestas iban de Delibes a Tolstoi pasando por Neruda.

Cuando llegué a la universidad la cosa no cambió. Claro, que estudié en una universidad donde la Biblia y las “Confesiones” de San Agustín eran pilares fundamentales en nuestra educación. Pero tampoco conocí a muchas mujeres que escribieran, ni a muchas filósofas, sociólogas, antropólogas o comunicadoras. En aquella época, además, lo que se llevaba fuera del aula era leer a Bukowsky y ver pelis de Tarantino. Si eras mujer y querías molar, lo mejor era parecerte a un hombre o por lo menos leer literatura masculina.

La calidad o el mito de “yo elijo lo que leo”

Luego me instalé en el discurso de “la calidad”. Yo no leía según el sexo, sino que leía lo que me gustaba. Era mentira. En realidad, leía lo que me encontraba en las librerías, lo que me recomendaban mis amistades, lo que anunciaban en la tele o lo que me llamaba la atención en la biblioteca. Hombres, en la mayoría de los casos. Y me gustaba, hay escritores muy buenos. Una vez incluso me leí a  Pérez-Reverte. Y además, leía escritores “de calidad”. También me llevé decepciones. “On the road” y “Madame Bovary” me hicieron sentirme estafada. El primero porque igual lo leí muy vieja, el segundo porque no tenía sentido. No conocía a ninguna mujer que pudiera sentir (o sentir tan poco) como la protagonista. Ese libro clásico no hablaba apenas de cómo vivía ella la opresión, de su deseo, de sus incoherencias internas. Era el personaje principal más plano que había conocido. No entendía aún que es muy difícil para un hombre contar el sentir de una mujer. Además, los escritores no están acostumbrados a escribir desde el punto de vista de una mujer. Apenas tiene modelos de personajes no masculinos reales, sólo los que ellos han creado. Y a eso lo llaman normalidad. Una normalidad impuesta desde la omnipresencia y el imposición masculinas.

Como explica muy bien Laura Freixas en su artículo “`Normalidad’ y género”:

“se reclama una `normalidad’ consistente en hacer como si el sexo no existiera…, mientras se mantiene un statu quo en el que quienes juzgan pertenecen muy mayoritariamente a uno de los dos sexos, y aplican criterios sexuados”.

Y cuando hablamos de juzgar la calidad nos encontramos con que la mayoría de quienes la juzgan son hombres y que ya hay estudios que demuestran que eso influye en la promoción de la literatura escrita por mujeres. Kate Mosse, fundadora del Premio de Ficción para Mujeres, lo explica así para The Guardian:

“Y luego la crítica se convierte en una disciplina. Es una disciplina masculina, y por lo tanto no me sorprende que las mujeres como escritoras pierdan sus posiciones, porque son hombres que escriben sobre escritores masculinos, y comienza  a distanciar a las mujeres. Ves esto en la hisotira y en la música, es igual, y luego, cuando la crítica comienza a ser importante, las contribuciones de las mujeres se infravaloran.”

Así que yo pensaba que leía lo que quería y resultaba que leía lo que me decían que debía leer o, en el mejor de los casos, lo que me dejaban elegir. Aún así, mi autor favorito seguía siendo un Tolstoi machista y maltratador que sentenciaba a Ana Karenina al sufrimiento por elegir una vida contra la norma social.

¿Por qué leer sólo mujeres?

En mi caso, empecé a leer sólo a mujeres para ver qué pasaba, para experimentar algo que no me habían permitido, para conocer el sentir de mis iguales, para reconocerme en alguien. Lo hice en un momento de mi vida en el que sentía que no encajaba en los ideales de una sociedad patriarcal, en el que necesitaba referentes, sentirme igual a alguien y comprendida. Empecé a leer opiniones de mujeres, estudios de mujeres, investigaciones de mujeres y eso me llevó a sus libros. En medio se cruzó el artículo de Clara Lis y decidí imitarla. Hay quien lo ha hecho de una manera no intencionada, como Hannah-Rose Yee, y también lo ha pasado bien. Ya os conté mis conclusiones del primer año entonces, pero ahora he descubierto la necesidad de que no sólo yo lea más mujeres, sino de que todas lo hagamos y lo contemos.

Leer a mujeres nos visibiliza

No conocía yo apenas a Carmen Conde. Tenía la “Antología de “poetisas” (sic) del 27” en el que aparecía, pero me salté los prólogos y las poesías largas que a los 17 me parecían aún más largas. Leí a estas grandes poetas, me lo callé y a lo sumo mencionaba algún poema suyo tras algún desengaño. Pero con el tiempo fui contando lo que leía, interesándome por sus vidas, rebuscando en su biografía, prestando libros, escribiendo artículos, compartiendo documentales.

Cuando algo te gusta, lo cuentas, y descubres que le gusta a más gente. De una autora pasas a otra y ves que no es que no hubiera autoras, que no es que no tengan calidad, que no les faltan obras. Lo que ocurre es que se nos han ocultado, se nos han negado, y ahora nos estamos iluminando.

Leer a mujeres nos regala referentes

¿Quién no quiso ser escritora como Jo March tras leer “Mujercitas”? ¿Quién no se imaginó eligiéndose a una misma por encima del amor a otro? Te leías el libro y te sentías poderosa. Ibas a ser lo que quisieras e ibas a serlo le pesara a quien le pesara.

mujercitas Flavita Banana
Flavita Banana sabe bien lo que leer

Luego ya, llegaba “Cien años de soledad” con el sacrificio femenino a la familia, “La isla del tesoro” (quizá uno de los libros que más veces me haya leído) y su tripulación exclusivamente masculina,  “Los Siete Secretos” con ellas dedicadas a preparar emparedados y Neruda y su “cállate, que me gustas más”.

Nuestras referentes somos nosotras y por ello las novelas protagonizadas por nuestras vidas nos dan ejemplo, nos consuelan y nos abren las alas. Comprobamos que existen mujeres como nosotras o que podrían existir y nos abren los ojos a las posibilidades.

Leer a mujeres nos coloca en la historia

Leí “Jane Eyre” de Charlotte Brönte este año. Me indigné de que no fuera una lectura obligatoria pues aún trata temas que afectan a cualquier persona y que siguen afectando a cualquier mujer: la familia, la vocación, la discriminación por sexo, el amor, el ansia de aventuras, la autoestima. Es una novela que degusté y paladeé y cuyo descubrimiento compartí con una amiga. Mi amiga me dijo que el final no le gustó, demasiado “amor romántico” http://pareceamorperonoloes.com/el-amor-romantico-y-sus-mitos/#sthash.oafudWMW.dpbsSe esperaba un final como el que elegiríamos nosotras. Pero “Jane Eyre” fue escrita a finales del siglo XIX, cuando elegir una profesión antes que a un marido era, cuando menos, polémico. Sólo que la protagonista se plantee esa posibilidad fue revolucionario en esa época. Ello nos llevó a una discusión sobre la situación de la mujeres en la época de Charlotte Brönte y del activismo a través de la literatura. De repente, estábamos indagando en la historia del feminismo inglés que nunca nadie nos contó en el instituto.

Leer a mujeres nos da voz

Caitlin Moran da este consejo:

“No leáis ningún libro escrito por hombres. Manteneos alejadas de ellos, o al menos hasta que seais mayores… Porque si hay algo que tal vez me ha hecho más feliz y más segura para escribir la verdad, y menos propensa a criticarme por mi apariencia, peso, volumen y diferencia que otras muchas, muchas mujeres, es que nunca leí libros de hombres cuando era más joven.”

Caitlin Moran, como muchas de nosotras, se reconoce en los libros que ha leído y a partir de ahí puede encontrarse, reconocerse en emociones que otras han descrito, imaginarse cómo actuar si le ocurriera lo mismo. Eso ayuda a tener una voz propia, a sentir el aliento de muchas de nosotras en la espalda, a expresarnos sabiendo que somos una más y a la vez diferentes y que nuestra historia, nuestra opinión, nuestro estilo, cuentan.

Como vuelve a explicar la escritora:

“Mi mundo, en resumen. Mi vida. Todo lo que pensaba y sentía se reflejaba en estos libros: me sentí amistosa con estas chicas imaginarias, diseminadas a través de los siglos. Me sentí como si estuviéramos todas en esto juntas. Me sentí normal. Sentí que mi vida también era una historia, algo en lo que regocijarme; para compartir sin miedo, vergüenza o tropezar para encontrar las palabras correctas. Sentí, como se debería sentir a esa edad, que yo y las chicas como yo éramos el centro del mundo y éramos importantes.”

Y ahora, ¿qué leo?

Puede que ahora en algún momento lea algún libro escrito por hombres. Ya siento que he equilibrado un poco la balanza. Sin embargo, ya no me llaman tanto esas historias. Con la poesía lo llevo un poco mejor, pero las novelas y los ensayos se me atragantan a las pocas páginas. No me siento cercana, en ocasiones el machismo se me clava en el ojo (también me puede ocurrir esto con libros escritos por mujeres, no veáis qué mal lo pasé con “La Masai Blanca”) y encima siento que podría estar leyendo algo mejor. Supongo que se me pasará, pero es cierto que mi manera de leer ha cambiado, que busco algo más que una historia que atrape. Ahora busco personalidades más verosímiles, mundos más originales, relatos que se salgan de la norma que nos lleva persiguiendo tantos siglos. Y, de momento, lo estoy encontrando en libros escritos por mujeres. Así que creo que seguiré así un poquito más.