Publicado en El Mono Revista Cultural, Te cuento mi vida

El mito de la serie perfecta

Artículo publicado en el Número 64 "Especial Crimen Organizado" de Revista El Mono

Mucho se ha hablado ya del amor romántico. Ya sabéis, esa invención para que nosotras nos quedemos quietecitas esperando que la felicidad nos la dé otra persona, mientras ellos se dedican a ser felices y a reflejarse en nuestras miradas de admiración. Y que viste los celos de algo bonito, y la violencia de pasión. Bueno, que eso ya lo sabéis. Pues venía yo pensando, que ahora hemos cambiado el mito del amor romántico por el mito de la serie perfecta. Ya no hablamos de nuestros amoríos como trofeos, ahora los dejamos para el ratito de la despedida en cualquier conversación. Ahora hablamos de series pero con el mismo fervor que antes hacíamos juegos para ver a qué edad nos íbamos a casar, de qué color y cuántas criaturas íbamos a parir.

  • “Pues Netflix va a sacar una de una princesa y que es como Los Simpson pero en plan Hora de Aventuras que es un caramelito.”
  • ¡Me la pido!

 

  • “Tú, tú, tú, ayer toooodaaa la noche dándole a esa. La de la HBO.”
  • ¡Tío, córtate!

 

  • “Me siento vacía, ayer fue el final. ¡El final! Ni una spinoff, ni nada. La directora dice que hasta aquí. ¿Qué voy a hacer?”
  • Tía, no te rayes, hay muchas series en internet.
  • “Ninguna como esta.”

Y así, nos van comiendo la cabeza. Otra vez directas al compromiso. A anularnos. ¿Os acordáis aquellos tiempos de películas sin compromiso? Hora y media, dos a lo sumo, y cada una a su casa. Hasta podías ir al cine a verlas. Era otra sociedad. Una en la que lo importante era lo que te contaban, la sensación que te dejaban, no los cinco últimos minutos de un capítulo que te engancha al siguiente donde no pasa nada hasta los último cinco minutos de un capítulo que te engancha al siguiente donde no pasa nada hasta los último cinco minutos de un capítulo que te engancha al siguiente donde no pasa nada hasta los último cinco minutos de un capítulo que…

PNL

Yo ahora estoy triste. Se ha acabado MI SERIE. Ochentera, con purpurina, cardados, su dosis justa de feminismo, sus risas, sus lágrimas, sus chistes fuera de lugar… Y que no era mejor que el resto que estaba conociendo. Pero fueron dos días. Dos maravillosos días que yo sabía efímeros pero intensos, y que los ha convertido en eternos. No estará a la altura de otras muchas, pero joder, cómo conectábamos. En el plan ese de cuando conoces a alguien que sabes que no va a ninguna parte pero el sexo, bufff, enganche total de ese de “cállate, que me vas a dejar de gustar, y usa la boca para otra cosa”. Pues así con mi serie. Ahora me siento triste, apesadumbrada, con un montón de tiempo libre que ninguna película consigue llenar, con escarceos hacia otras series que me hacen sentir culpable, con tentaciones de volver a verla. Pero ¡no!, seré fuerte, la revolución exige fuerza. Si el amor romántico no pudo conmigo, no podrá la mafia audiovisual que nos quiere aborregadas frente a una pantalla. Me bajo al bar. A ver si cazo algún pokemon. Eso no puede fallar.

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