Publicado en Te cuento mi vida

Mi voz

La recuperé. Mi voz. O igual me la estoy inventando. Puede que la esté creando mientras la libero. He recuperado algo más que mi manera de decir las cosas, he encontrado lo que quiero decir. Todo el rato. Ya no me callo. No ha sido algo de golpe. Ni premeditado. Tuve que escuchar muchas voces que me habían sido negadas. Leerlas. Prestar oído a sus coños. Sentir sus voces y saberlas parte de mí. Descubrir sus colores. Descolgar cortinas de prejuicios. Comprender que todo lo que yo sentía, he sentido y sentiré ya ha sido sentido por otras. Y que está bien. Reconocerme en ellas como nunca antes me había reconocido en ningún libro, artículo, canción…

Yo* siempre he querido escribir y algunas veces he escrito cosas. Algunos años no pude escribir nada. Últimamente tengo que vomitarlo todo a través de un boli. Siempre me paralizaba una cosa: tenía que escribir bien, ser buena, lograr ver algo publicado. Así que nunca lo hice y, si lo hacía, el regusto era amargo, incapaz de releer una sola línea. Pero estuve leyéndolas a ellas, escuchando a mis compañeras, descubriendo voces que hablaban un lenguaje muy familiar. Por primera vez no quiero estar a la altura de “lOs clásicOs” o nada. Ya no quiero contar una historia que no sea la mía ni embellecer versos que no siento. Por que mi historia, mi sentir, mi vida no es para nada más importante que ninguna otra, pero es tan diferente como las demás y en ella vivo el mismo dolor, ilusión, angustia y felicidad que el resto. Y por eso quiero contarlo, porque al contarlo ellas, desatascaron mi voz. Por que un coro de voces llena las canciones de matices.

No fue fácil. Empezar a usar mi voz. No la reconocía. Raspaba. Me obligaba a ser consciente de mí. Ya no era muda y por eso no podía permanecer sorda a mí. Me perdí en murmullos y me gasté en gritos. A veces, mi voz escapaba en un ritmo rápido, con aliento convulso. Aún lo hace. Se desgarra en verdades afiladas y luego entona suaves susurros de consuelo. Se agrava. Baja el tono. Es una sábana más en mi cama en las noches de verano y un pelo de mis gatos en mi chaqueta. Ya viene siempre conmigo. Ya no la dejo en casa para que no moleste, para que no hable, para que no contradiga.

Ahora no necesito que nadie escuche esta voz. Mi voz ya no es un proyectil dirigido a oídos ajenos, sino que es una flor que rompe la semilla que fui, que soy (¿cuándo desaparece una semilla?) y su único fin es existir. Ser parte de ese jardín que otras valientes voces habitan.

 

 

*"En verdad, decir "yo" es un acto de fe" 
Alejandra Pizarnik en una  carta a su amiga Ivonne Bordelois. 
Pizarnik. Nueva Correspondencia (1955-1972) Ed. Lumen
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s