Publicado en El Mono Revista Cultural, Emociones

Odiar sabe rico

Artículo publicado en Nº 50 Especial Odio de Revista El Mono

Odiar, odiar… odio según me da. Normalmente cuando me pongo a odiar me meto hasta el fondo, vale ya de cosas a medias. Últimamente odio mucho ese rollo de tener que estar feliz siempre, la mierda esa de la ley de la atracción y del “tú piensa mucho en lo que quieres que llega”. Pues no. El otro día yo deseaba mucho que me lo comieran bien comido, hasta movía la pelvis a lo Elvis para que las señales fueran correctas. Pues no. Dos lamidas y ¡ala, bonita! tú ejercítate el tríceps y la mandíbula a saco chupándola que yo me canso de sacar la lengua a pasear (ya os dije en el número anterior que estoy enfadada con el porno).

Pues eso, que no por mucho madrugar patada en los cojones ni por desear mucho algo te va a caer del cielo. Que sí, que te enfocas en lo bonito y todo es maravilloso entonces. Pero ya te estás olvidando de algo: la lírica del odio. Esa mirada de asco que lanzas cuando ves al gilipollas de turno en el bar al que vas siempre. Esas cañas con colegas poniendo a parir al profe que os amargó el último mes de instituto. Ese cotillear un instagram mientras ríes feroz ante el declive de tu alma enemiga. Esa creatividad que desarrollas en maquinar venganzas y desgracias.

Odiar sale de dentro, y no es como la bilis esa del 15 de julio que te amarga la siguiente quincena. No, es un saborcico como a eructar tras beberte la caña de trago. Amargo, gaseoso, pero liberador.

A mí no me comparéis poner a parir a quien odias con la frasecita de “el karma le pondrá en su sitio”. No duermes igual. Y que yo no quiero que le ponga el karma en su sitio, quiero hacerlo yo, con mirada por encima del hombro, sin mover un dedo, sólo mirando su caída, con la elegancia de una gata. Y luego sonreír y largarme. Ahí sí veo yo felicidad. Y cañas. Y una buena juerga. Y luego que venga el karma o dios o quien sea y me odie a mí. Qué queréis que os diga, amigas, a mí que me odien me pone mucho. El odio genera energía. Odiemos. Venguémonos. Insultemos. Y echemos buenos polvodios, que del odio a una follada con ganas van dos tiros bien echados en un baño.

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