Publicado en Emociones

Oda a la “zona de comfort”

Está muy bien eso de salir de la zona de comfort, de superar miedos, de avanzar, de no estancarse. Pero hay veces que esa zona en concreto te salva de acabar a la deriva. Es como en clase de Educación Física (con el profe guapo, si puede ser 😉 ), saltas más alto y llegas más lejos si sabes que hay una colchoneta debajo.

Hoy he tenido la suerte de coger fuerzas en mi zona de comfort. No hay nada más especial que tener una cuadrilla, pero no una cualquiera, hablo de una cuadrilla curtida. Una de esas que ha cambiado tanto que han conseguido mantenerse igual de unida. Esa cuadrilla pasa a ser un lugar, un tiempo, un hogar. Sabes dónde dar la luz, dónde hace más calor y dónde refrescarte. Tienes siempre alguien con un guiño cómplice, alguien listo para disparar abrazos y esas palabras… “lo que necesites”: un bálsamo.

Nunca falta una sorpresa cuando menos te lo esperas, una risa, un momento inoportuno y la carcajada posterior, tus guardianas y tus txupiteros. Y sabes que pocas veces responderás a ese “lo que necesites” porque no necesitas (yo, al menos, no necesito) nada más que poder volver. Sentarte en ese sofá que guarda tu hueco y el de tanta gente. Ayer fue otra persona, hoy eres tú. Nada especial. Y, sin embargo, algo que no se puede describir. Esa sensación de saberte bien, incluso en lo peores momentos, en tu lugar seguro, tu refugio.

Me considero una de las personas más afortunadas en este planeta, porque mire donde mire, llame a quien llame, encuentro una respuesta llena de cariño. No tengo palabras para agradecer que dieciséis años después todo haya cambiado para seguir siendo igual. Que sigáis siendo esas personas con las que un día flipé. Que me sigáis haciendo flipar esté arriba, abajo o en medio.

Soy acérrima defensora de despegar desde un suelo firme, de lanzarme desde un puente estable, de soñar desde una cama mullida. No puedo lanzarme a una aventura ni a un futuro desconocido si no tengo una zona de comfort, un hogar cambiante pero permanente, una lanzadera siempre dispuesta a recogerme si algo sale mal. Así que, por favor, dejemos de demonizar al comfort. Sólo desde una zona segura se atreve una a ir más allá, sólo con el apoyo de mi gente me atrevo a llegar hasta las pirámide de Keops.

Gracias por tanto.

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